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El enésimo regreso de Paulina Rubio, la chica dorada

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La cantante Paulina Rubio en una foto que subió en la red social Instagram el pasado 2 de junio.

Su éxito reside en una brillante estrategia de marketing basada en su vida privada

ELENA REINA

México/ Paulina Rubio nunca se ha ido, pero de vez en cuando regresa. Pese a que lleva siete años sin publicar un nuevo disco, la cantante mexicana reaparece intermitentemente con algún pleito familiar, un gazapo en las redes sociales o un nuevo sencillo en las vísperas veraniegas —acaba de estrenar Desire, junto al reguetonero Nacho—. Un yate de 12 metros de eslora, llamado Golden Eye, ha sido la excusa perfecta para colocarse de nuevo frente a los focos. Los paparazis, que forman parte de su paisaje desde que era solo una niña, disparan ahora para recordar que la chica dorada sigue aquí, como dice su canción. Con cada nueva aparición, algunos se preguntan: ¿qué fue antes: su música o su fama?

"Paulina nunca ha sido una gran vendedora de entradas, ni de discos, pero sus escándalos sí le han dado vida en México, le han permitido crecer. Y puede que también de rebote le hayan traído algún beneficio a su carrera", cuenta un veterano crítico de espectáculos en México, Gilberto Barrera. El periodista insiste en que su éxito reside básicamente en una brillante estrategia de marketing, donde el producto también ha sido ella misma. "Ella es mucho de sencillos, no es una cantante de conciertos frecuente, pero sabe cómo colocar hits fácilmente", añade.

Comenzó a los seis años, según ha reconocido ella misma en muchas entrevistas. Hija de una diva de la televisión mexicana, la actriz de telenovelas Susana Dosamantes, supo tocar las teclas adecuadas para posicionarse desde muy pequeña como una estrella juvenil. Su melena alborotada, su personalidad fuerte y una seguridad sobre las tablas, más propia de un adulto que de una niña de 11 años, le permitieron destacar fácilmente entre sus compañeros de Timbiriche, la banda de pop infantil más importante de México desde principios de los ochenta hasta comienzos de los años noventa. Rubio transpiraba ese aire rebelde sumamente tentador para miles de adolescentes mexicanas.

Diez años después de consolidarse como la estrella de aquel grupo, decidió abandonarlo y continuar su carrera en solitario. Se convierte en La chica dorada. La del ventilador que no deja descansar a su melena rubia, el centro de todos los focos, los taconazos, las minifaldas. Paulina Rubio pasó de la adolescencia a la mayoría de edad a golpe de nuevo disco. Si su imagen ya había sido importante para su carrera cuando era una niña, ahora se vuelve crucial.

En aquellos años Paulina comenzó a acumular diversas polémicas que la colocaban directa en el centro del huracán de la prensa del corazón. Principalmente, por una sonora rivalidad con Thalía, compañera de Timbiriche cuando eran niñas y de un estilo musical tan similar al de Rubio que muchos llegaban a confundirlas fuera del país. Pero también por una batalla pública con otra cantante, Alejandra Guzmán, porque al parecer había intentado "robarle" el hombre de sus sueños. A ella iba dirigida su sencillo: Ese hombre es mío. Y Guzmán le respondió con el tema: Hey, güera, ni te acerques porque te corto el pelo. "Siempre ha tenido muy medido el tema del escándalo, entiende muy bien cómo funciona esta industria", explica Barrera.

Como malabarista profesional de la polémica, supo cómo rentabilizarla para explotar al máximo su carrera musical, y viceversa. Y en el año 2000 su canción Y yo sigo aquí se catapulta como todo un éxito a nivel mundial. Después llegarían otros, como Lo haré por ti, del mismo álbum, Paulina. Unos años más tarde, descubrió que el éxito musical no solo dependía de los discos, y desde 2011 no ha estrenado ninguno nuevo. Pero cada poco tiempo hace alguna colaboración con un artista de moda o algún single pegadizo que se ha repetido en todas las discotecas, como es el caso de Boys Will Be Boys (en 2012) o Mi nuevo vicio (con Morat en 2015). Para este verano presenta un tema que mezcla el inglés y el español, Desire (Me tienes loquita), con Nacho.

Su carrera profesional se ha visto salpicada constantemente por sus problemas personales, expuestos públicamente. Su primera pareja conocida fue el arquitecto español Ricardo Bofill y se especuló entonces que él estaba casado todavía con Chabeli Iglesias (hija de Julio Iglesias e Isabel Preysler) cuando se conocieron. Los grandes pleitos vinieron después. Cuatro años después de una fastuosa boda con otro español, Nicolás Vallejo-Nájera, Colate, llegó uno de los divorcios más mediáticos de la prensa rosa, con constantes peleas en los tribunales de Miami por la custodia de u hijo. La última pareja reconocida por la cantante ha sido Gerardo Bazúa, a quien conoció cuando ella era jurado del programa La Voz México y él un concursante. Su relación comenzó en mayo de 2013, tienen un hijo en común y ya no están juntos. Estos días la prensa rosa mexicana especula con un nuevo pretendiente, un fotógrafo que la acompañaba en el lujoso yate.

Paulina, encumbrada muchas veces como chiste nacional por un supuesto acento español impostado —algo difícil de tolerar para sus compatriotas—, que se ha cubierto desnuda con la bandera de su país aún sabiendo que podría suponer una provocación y una multa, se ha consolidado como una cantante que provoca amor u odio, sin matices.

 

Fuente: EP

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