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Sofía Vergara se desnuda a los 45 años para reivindicar a la “mujer imperfecta”

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La actriz Sofía Vergara puede presumir a sus 45 de seguir siendo una de las mujeres más deseadas de la industria del entretenimiento estadounidense y, de forma paralela, de su capacidad para proyectar un modelo de belleza natural y saludable que nada tiene que ver con los cánones nocivos que, sobre el físico femenino, se asocian a la cultura de la celebridad.

“Aquí tenéis a una mujer de 45 años que no tiene reparo alguno en enseñar su cuerpo. Afortunadamente las cosas están cambiando y ya no son solo las chicas jóvenes las que protagonizan las portadas de las revistas”, afirma orgullosa la intérprete colombiana a la revista Women’s Health. En efecto, la estrella televisiva posa sonriente y completamente desnuda en el nuevo número de una publicación orientada a promover un estilo de vida activo y sano entre sus lectores, a quienes Sofía trata ahora de convencer de que el atractivo no siempre tiene que ir ligado a un cuerpo escultural que esté exento de ‘imperfecciones’ y de algún que otro gramo de grasa.

“Al menos para mí la belleza no es sinónimo de músculos o de unos abdominales más duros que una roca. Yo no necesito lucir como una modelo que necesita disponer de un cuerpo perfecto para su trabajo, además creo que implicaría demasiado esfuerzo y no estoy por la labor”, explica a la citada revista, justo antes de reconocer que, sin embargo, le gustaría haber desarrollado algo de afición por la actividad deportiva. “Sinceramente, me gustaría ser algo más atlética, pero por desgracia estos pechos tan grandes no me permiten hacer ciertas cosas, y las tengo así de grandes desde los trece. No tengo nada de fuerza y me cuesta horrores hacer una sola flexión. Tengo unas rodillas muy flojas y unos huesos demasiado frágiles”, indica en la misma conversación con un punto de humor.

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A pesar de la animadversión que siente por el ejercicio físico, sus problemas de tiroides y la presión que en ella ejerce su marido Joe Manganiello -todo un apasionado del deporte- le obligan a dedicar al menos una hora al día a sus entrenamientos, una rutina que la deja siempre de “muy mal humor”. “Para mí el gimnasio es como una tortura insoportable. me pongo de muy mal humor cuando me entreno, pero también durante las dos horas anteriores y dos horas después del fin de la sesión. Pero ahora que Joe ha construido su propio gimnasio en casa, pues no tengo excusa para no entrenarme”, explica haciendo alarde de su arrolladora sinceridad.

Fuente: El Mundo, España

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