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La lente de Einstein

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De izquierda a derecha, Ferdinand Ellerman, Albert Einstein, Walther Mayer y Edwin Hubble en el observatorio astronómico Mount Wilson. REUTERS | EPV

La teoría de la relatividad general, fundamento de la cosmología moderna, recibe su confirmación más exigente hasta la fecha

JAVIER SAMPEDRO

Hay gente nihilista. Desde el siglo XX, eso implica negar que existan valores, rechazar la posibilidad del conocimiento, renunciar a la comunicación y resignarse al hecho brutal de que el mundo carece de sentido. Por más que uno se sienta atraído por esas ideas, sin embargo, la ciencia plantea un argumento devastador contra ellas. Las explicaciones científicas deberían ser, según el nihilismo, meras construcciones fabricadas por nuestro deseo demente de entender el mundo, invenciones de nuestra imaginación, antídotos contra la locura de un universo que nos ignora. Pero es evidente que no es así, porque una teoría científica construida para explicar un fenómeno suele predecir otros fenómenos distintos que ni se le habían ocurrido a su formulador. Esto es imposible de explicar a menos que exista una realidad comprensible ahí fuera, y a menos que nuestros talentos sean capaces de arañarla, de profundizar en ella y de entender sus principios.

Seguramente no hay mejor ejemplo que la teoría de la gravedad de Einstein, la relatividad general. Einstein la formuló para resolver una contradicción fundamental entre la teoría gravitatoria de Newton, que implicaba una fuerza de la gravedad instantánea que atraía a los cuerpos por muy lejos que estuvieran uno del otro, y su propia teoría de la relatividad especial, que sostenía que no podía haber fuerzas instantáneas, pues nada podía viajar más deprisa que la luz. Y, sin embargo, la relatividad general predice también los extraños movimientos (precesión) de la órbita de Mercurio, los agujeros negros, la dilatación del tiempo en la vecindad de un planeta masivo, las ondas gravitatorias que se descubrieron hace unos pocos años, la evolución del cosmos… y las lentes gravitatorias, como puedes leer en Materia. Para mí, esto es una refutación del nihilismo tan abrumadora como lo pueda ser una obra del ser humano.

El proceso creativo de Einstein es tan interesante como la misma teoría que acabó pariendo. El annus mirabilis de Einstein fue 1905, cuando demostró la existencia del átomo, explicó cuantitativamente el efecto fotoeléctrico (por el que la luz arranca electrones de un metal) y produjo la relatividad especial. Dos años después seguía trabajando en la oficina de patentes de Berna, cuando de pronto, según sus propias palabras:

“Estaba sentado en la oficina de Berna. De repente me asaltó un pensamiento. Si una persona cae en caída libre, no sentirá su peso. Me quedé perplejo. Este simple experimento mental me produjo una profunda impresión. Eso me condujo a una teoría de la gravedad”. Esa teoría es la relatividad general, fundamento de la cosmología moderna, y confirmada de nuevo esta semana por el efecto de lente gravitatoria que hace una galaxia sobre otra más lejana y perfectamente alineada con ella.

El mundo existe, y podemos entenderlo. Otra cosa es que queramos hacerlo.

 

Fuente: EP

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