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Un caso de canibalismo galáctico en el vecindario de la Vía Láctea

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Recreación del cielo nocturno dentro de 4.000 millones de años, cuando Andrómeda se una con la Vía Láctea. En vídeo, animación de este suceso. FOTO : NASA

Un grupo de astrónomos descubre lo que parecen los restos de una gran colisión entre una galaxia que ya no existe y Andrómeda

DANIEL MEDIAVILLA

Dentro de 4.000 millones de años, Andrómeda colisionará contra la Vía Láctea. Imágenes de telescopios como el Hubble y modelos matemáticos prevén la fusión entre las dos mayores galaxias del Grupo Local, la gran familia galáctica que dominan con su descomunal capacidad de atracción gravitatoria. Pese a lo que nos puedan sugerir las imágenes de los telescopios, las galaxias no son densísimas bolas de luz. Los millones de estrellas que contienen están separados por distancias inimaginables y cuando se produzca el choque entre las galaxias no cabe esperar impactos entre sus mundos. Más bien, será una reorganización progresiva que acabará por formar una gigantesca galaxia elíptica y mandará al Sistema Solar a una región aún más periférica de la que ocupa en la Vía Láctea.

Para saber lo que sucederá, puede ser útil mirar al pasado. Esta semana, en la revista Nature Astronomy, un grupo de científicos ha publicado lo que puede considerarse un trabajo detectivesco del tiempo profundo. Observando a Andrómeda, han concluido que hace 2.000 millones de años cometió un acto de canibalismo galáctico. En aquel tiempo, junto a Andrómeda y la Vía Láctea, había una tercera gran galaxia en el Grupo Local.

Dentro de 4.000 millones de años, nuestra galaxia colisionará con Andrómeda

M32p, una galaxia con un nombre mucho más anodino que sus compañeras vivas, fue despedazada por Andrómeda, pero dejó un rastro de pistas que ahora han reconstruido astrónomos de la Universidad de Michigan (EE UU). Según cuentan, en torno a la galaxia caníbal existe un gran halo de estrellas que ocupan un espacio mayor que la misma Andrómeda y junto a ella, una extraña galaxia extremadamente compacta, con una densidad de estrellas que no se encuentra en casi ningún otro lugar del universo. Tratar de explicar el origen de este objeto misterioso fue el inicio de la investigación. Los autores del trabajo que aparece en Nature Astronomy afirman que esa galaxia satélite, conocida como M32 y que podría confundirse con una pequeña galaxia elíptica, es en realidad el núcleo de la galaxia atrapada por Andrómeda.

Además del halo de estrellas con restos de la antigua galaxia y el engrosamiento del disco de Andrómeda, los autores señalan entre los indicios de la fusión un estallido de formación de nuevas estrellas que coincide con el periodo de hace 2.000 millones de años en el que se encontraron las dos galaxias.

Las fusiones entre galaxias no son algo extraño, pero el tamaño de esta sí que la hace excepcional. M32p era al menos 20 veces mayor que cualquier galaxia engullida por la Vía Láctea a lo largo de su historia. Según explicaba Eric Bell, investigador de la Universidad de Michigan y coautor del trabajo, les sorprendió saber que nuestra galaxia “tenía un pariente de gran tamaño del que nunca habíamos sabido nada”. Estudios como el suyo también pueden cambiar la idea sobre lo que sucede cuando dos galaxias se unen. Entre otras cosas, se ha observado que Andrómeda mantiene su forma espiral, con los brazos característicos que también tienen nuestra galaxia. En principio, se habría esperado que la colisión hubiese producido una galaxia elíptica, con una forma más parecida a una esfera, pero los brazos de Andrómeda resistieron.

La acumulación de datos sobre Andrómeda y sobre nuestra propia galaxia está cambiando la idea que se tiene sobre cómo será su futuro. Hasta este mismo año, se creía que era mucho mayor que la Vía Láctea y que acabaría absorbiéndola cuando llegase el encuentro. Sin embargo, un artículo publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society en febrero calculaba que las dimensiones de las dos galaxias eran similares. Esta nueva información hará que debamos replantearnos lo que sucederá en el momento de ese choque que parece ineludible y llegará dentro de 4.000 millones de años, más o menos el mismo tiempo que lleva existiendo la Tierra.

 

Fuente: EP

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WhatsApp limita el reenvío de mensajes para combatir el ‘spam’ y las noticias falsas

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Un hombre con un móvil posa frente a una pantalla con el logo de WhatsApp. DADO RUVIC REUTERS

La compañía ha decidido acotar la distribución de mensajes a un máximo de 20 grupos a la vez

WhatsApp da un paso más para luchar contra la desinformación y las noticias falsas. A partir de este viernes, los usuarios de la compañía podrán reenviar un mensaje a un máximo de 20 grupos a la vez. La medida, que llega tras haber agregado una etiqueta para saber cuando un mensaje ha sido reenviado, pretende limitar la difusión de spam y la desinformación.

"Creemos que estos cambios, que continuaremos evaluando, ayudarán a mantener WhatsApp como estaba diseñado originalmente: una aplicación de mensajería privada", ha indicado la empresa estadounidense en un comunicado publicado en su página web. La medida no es definitiva, indica la compañía.

En India, el mayor mercado de la empresa con 200 millones de usuarios, WhatsApp ha decidido que el límite de reenvío de mensajes sea solo a cinco grupos. La medida se da después de que se produjeran varios linchamientos de persona como consecuencia de bulos que circularon en la aplicación de mensajería.

El pasado 1 de julio, un grupo de más de 30 personas atacó a unos desconocidos que conversaban con una menor, en una aldea remota de la India a 300 kilómetros de Bombay, la capital financiera del país. Los hombres fueron linchados porque se pensó que eran secuestradores de niños. Según indicó la policía, la agresión estuvo motivada por un rumor que circulaba en WhatsApp anunciando la presencia de una red de tráfico infantil en las cercanías.

Después de la muerte de estos hombres, la compañía prometió actuar contra las noticias falsas en el país. WhatsApp ha decidido eliminar, además, la opción de "reenvío rápido"—que permite compartir imágenes y vídeos más rápidamente— en este país.

 

Fuente: EP

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Zuckerberg matiza sus declaraciones sobre los negacionistas del Holocausto

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Mark Zuckerberg, fundador de Facebook DREW ANGERER AFP

El fundador de Facebook argumentó en una entrevista que retirarles la voz va en contra de la misión de la plataforma

SANDRO POZZI

Nueva York/ Mark Zuckerberg trata de aclarar los controvertidos comentarios que hizo durante una entrevista sobre los negacionistas del Holocausto judío, en la que afirmó que no se les puede prohibir el acceso a Facebook para exponer sus teorías de la conspiración. Hacerlo, indicó, iría contra la misión central de la plataforma de dar voz a la gente. Horas después dijo que “no tenía intención de defender las intenciones de la gente que lo niega”.

“Personalmente encuentro la negación del Holocausto profundamente ofensiva”, afirmó el fundador de Facebook en un mensaje a la periodista Kara Swisher, editora del portal Recode, con la que había mantenido previamente una conversación de 90 minutos. En ella explicó que no cree que su compañía deba ser responsable de retirar este tipo de contenido, porque no puede determinar si una entrada tiene intención de engañar al público por muy ofensivo que pueda ser.

No es la primera vez que se le plantea esta cuestión a Zuckerberg. El fundador de Facebook defiende tradicionalmente que su empresa es una compañía tecnológica, no un medio que edita información. “No creo que nuestra plataforma deba retirarla porque piense que hay cosas sobre la que otra gente se equivoca”, explica en el intercambio con Swisher, dando a entender que no cree que todo sea “intencionado”.

La entrevistadora le indica en ese momento que confundir a la audiencia es precisamente el objetivo de los que niegan cosas como el Holocausto. La reacción fue inmediata. La Liga Contra la Difamación considera que Facebook tiene la “obligación moral y ética” a la hora de evitar que se diseminen este tipo de contenido, porque forma parte de una “táctica deliberada” contra el semitismo.

Zuckerberg se justificó diciendo que cualquier persona dice cosas equivocadas cuando habla en público. “Estoy seguro de que líderes y figuras públicas que respetamos también”, comentó, “por eso no creo que lo correcto sea decir que se les va a retirar de la plataforma si se equivocan, incluso si lo hacen varias veces”. La solución, en su opinión, pasa por relegarlo a un espacio más privado.

El comentario tiene como origen en las críticas lanzadas contra Facebook por permitir al portal InfoWars de Alex Jones diseminar información engañosa sobre la matanza en la escuela primaria de Sandy Hook, hace cinco años en Connecticut. Mark Zuckerberg camina desde hace dos años sobre una línea muy fina por la manera en la que los hackers ruso utilizaron la red social durante las presidenciales.

Zuckerberg se comprometió con el Congreso de EE UU en su intervención tras el escándalo de la fuga de datos en hacer lo posible por combatir la diseminación de noticias falsas y discursos que incitan al odio. Pero los comentarios a ReCode se interpretaron en sentido opuesto. “No se trata de que no se pueda decir algo equivocado en Internet”, añade, “eso sería demasiado extremo”.

 

Fuente: EP

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Por qué en verano se altera nuestra percepción del tiempo

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Todo parece ralentizarse cuando estamos inactivos. Ocurre al llegar el estío. El tiempo subjetivo de nuestras experiencias tiene poco que ver con el tiempo objetivo

JAVIER SAMPEDRO

Fue seguramente Sam Peckinpah, en su película de 1969 Grupo salvaje, quien inventó o sistematizó una aplicación sorprendente de la cámara lenta en los planos violentos. A la mínima balacera o explosión de un cartucho de dinamita, allá que iba Peckinpah ralentizando la escena y mostrándola en todo su macabro detalle, como si se tratara del ataque de un predador en un documental científico. Los jovenzanos, que entonces no nos llamábamos así, salíamos del cine desconcertados: ¿no eran los sucesos más dramáticos los que parecían ocurrir más deprisa? “Todo ocurrió en una fracción de segundo”, suelen decir los testigos de uno de esos actos, también en las películas, para justificarse por no haber visto nada útil.

Bien, empecemos por recordar que el nombre “cámara lenta” está mal puesto: la cámara va en realidad más deprisa de lo normal, y es por eso que el resultado final, lo que ve el espectador, se ralentiza. Y en las situaciones violentas, o estresantes en general, de la vida real, la cámara de nuestro cerebro también se acelera, y nuestro tiempo percibido parece hacerse más lento en consecuencia. Nosotros percibimos la realidad como un continuo, pero, al igual que en el cine, es el resultado de una película interior donde cada fotograma dura 150 milisegundos (eso es unos siete fotogramas por segundo). En situaciones de estrés, los fotogramas pasan más deprisa, y el resultado es algo parecido a una escena violenta de Peckinpah. No sé si el director lo hizo aposta, pero tenía razón en cierto sentido neurológico.

“John Franklin tenía ya diez años y seguía siendo tan lento que no era capaz de coger ni una pelota”. Así empieza El descubrimiento de la lentitud, una novela de Sten Nadolny recién publicada en español por Plataforma Ficción. Está basada en la vida del auténtico John Franklin, el célebre explorador del Polo Norte, pero Nadolny ha hecho de él un personaje de ficción caracterizado por su lentitud para percibir el mundo, y también lo ha convertido en una teoría neurológica, al estilo de Peckinpah. Curiosamente, su condición cerebral tiene relación de nuevo con los fotogramas interiores de la mente:

“Lo sorprendente”, escribe Nadolny, “era que desde cerca todo lanzaba destellos y daba saltos: los palos de la cerca, las flores, las ramas. Más allá había vacas, tejados de paja y colinas cubiertas de bosque, de modo que el ritmo de lo que iba apareciendo y desapareciendo de la vista resultaba solemne y sosegado”. Las cosas que están cerca parecen, desde nuestro punto de vista, moverse muy deprisa en comparación con el fondo, y a la pobre cámara interior de Franklin no le da tiempo a interpretar sus lentos fotogramas como un movimiento continuo. Solo puede hacerlo si las cosas están lejos.

Si el lector está en la playa y es de naturaleza nostálgica, le puede asaltar a veces el pensamiento: “Ay aquellas tardes interminables del verano de mi infancia”. O simplemente: “Ay aquellos interminables veranos de mi infancia”. La verdad, por supuesto, es que aquellos veranos y aquellas tardes duraban exactamente lo mismo que ahora, pero es cierto que aquello parecía literalmente interminable. La razón es que éramos niños, y que nuestra percepción subjetiva del tiempo se va acelerando con la edad. ¿En qué se basa ese desconcertante reloj interno que tanto perturba a Franklin y nos desconcierta a todos?

Los psicólogos experimentales han aprendido mucho sobre nuestra percepción subjetiva del tiempo, comparándola con el tiempo objetivo que mide la física. Dos elementos esenciales son la secuencia de sucesos y la duración entre ellos. Pero hay pocas situaciones en la vida real que no sean periódicas. Cada una de nuestras células es un reloj biológico —este descubrimiento mereció el último premio Nobel de Medicina—, y su coordinación marca nuestros ritmos de vigilia y sueño, comida, temperatura, actividad metabólica y mil cosas más.

El propio periodo de rotación de la Tierra (24 horas) es un factor esencial en la evolución de los ritmos circadianos (de circa, de un día), que todos los seres vivos tenemos incrustados en nuestra lógica más fundamental. Pero no todo en estos relojes biológicos consiste en una adaptación al entorno. En los años sesenta, los psicólogos sometieron a un grupo de personas a un aislamiento total de las pistas ambientales, encerrados en ausencia de luz natural y variaciones de temperatura. Pese a ello, sus ritmos de temperatura y sueño/vigilia, entre otros, mostraron su carácter perdurable, en gran medida endógeno. Algunas personas, sin embargo, duplicaron el periodo de sus ritmos: seguían durmiendo y despertando, pero en ciclos de 48 horas.

En situaciones violentas o estresantes, la ‘cámara’ de nuestro cerebro se acelera y sentimos que todo va más lento

Otra cuestión clave es la definición de “presente”. Para un matemático, el presente es un punto que separa el pasado y el futuro, y que se va desplazando continuamente, eternamente inaprehensible y ciego a nuestras necesidades. Para un psicólogo, sin embargo, el presente es un intervalo de tiempo algo más amplio. Nuestro presente interior incluye sucesos del pasado inmediato y predicciones de lo que va a ocurrir enseguida. Imagina cómo percibimos una melodía: hay una nota que suena ahora mismo, pero solo tiene sentido en comparación con las que vinieron antes y —sobre todo si la canción ya te era conocida— con las que predices que vendrán después. En cierto sentido, la melodía entera forma una unidad perceptual, como si fuera un acorde donde todas sus notas suenan al unísono. Así percibimos las secuencias de eventos.

Nuestra percepción de la duración, o lapso de tiempo que discurre entre dos eventos (dos notas de una melodía, por ejemplo, o dos martillazos sucesivos) es extremadamente limitada y fácil de manipular para los experimentadores. Este tipo de percepción directa del paso del tiempo funciona razonablemente bien cuando los dos eventos ocurren con unos pocos segundos de diferencia. Por debajo de un segundo, las cosas se empiezan a fusionar con facilidad; y por encima, no tenemos percepción directa de la duración, y tenemos que empezar a usar relojes u otros criterios externos.

Hay factores que afectan de manera reproducible a nuestro sentido del tiempo. Si estás intentando hacer algo y alguien o algo te interrumpe continuamente, la tarea parece eternizarse (lo que en parte es cierto, por supuesto, pero el efecto sigue siendo verdadero tras descontar eso). A un alumno que toma notas, la clase se le hace mucho más corta que a otro que solo escucha. En general, la falta de actividad alarga el tiempo subjetivo. Si yo me retraso media hora, a quien me espera le parecerá mucho más tiempo, y a mi menos. Si estoy haciendo algo que me motiva, me parecerá que el tiempo pasa más deprisa que si lo que hago me aburre. Todo esto son pistas que pueden contribuir a explicar “aquellas interminables tardes de verano”. Quede como ejercicio para el lector.

Dijimos que todos estos resultados psicológicos se basan en comparar el tiempo subjetivo de nuestra experiencia con el tiempo objetivo que mide la física. Pero desde hace más de un siglo sabemos que este tiempo físico no es tan objetivo como creíamos todos. O como habíamos aprendido todos, que es lo que sostiene el físico teórico Carlo Rovelli en su reciente El orden del tiempo (Anagrama). Rovelli argumenta que, dada la enorme subjetividad de nuestra percepción del paso del tiempo, es imposible que todo el mundo creyera desde la antigüedad que el tiempo es un escenario fijo y absoluto en el que suceden los eventos y trascurren nuestras vidas. Cree más bien que eso fue una invención de Newton, y que todos nos hemos intoxicado en la escuela con ella en los últimos cuatro siglos. Es una propuesta osada.

Por fortuna, disponemos ahora de un texto esencial del filósofo francés Henri Bergson, Historia de la idea del tiempo (Paidós). Arranca de una transcripción de sus conferencias de 1902-1903 en el Collège de France, pero casi todo estaba inédito hasta ahora, y Adriana Alfaro y Luz Noguez lo han editado muy bien en español, eliminando las redundancias, incoherencias y anacolutos en los que incluso Bergson caía al hablar en público. Bergson consideraba la idea del tiempo “un problema central de la metafísica en general”, y reflexionó sobre ella con una extraordinaria agudeza:

“Yo me supongo inmóvil”, explicaba a su audiencia en 1902. “Me parece entonces que el punto tiene cierto movimiento. Me pongo en movimiento con la misma dirección que él, y con la misma velocidad: (…) Para mí, se volverá inmóvil”. Tiene gracia, porque esa es más o menos la larva del experimento mental que Einstein estaba haciendo en la misma época: ¿Qué pasaría si me monto en un rayo de luz? La luz debería parecerme quieta, pero no puede estarlo, porque la velocidad de la luz es una constante fundamental de la naturaleza. Como una velocidad no es más que el espacio recorrido partido por el tiempo que se tarda, si la velocidad de la luz es constante, el espacio y el tiempo no pueden serlo. Si corres montado en un rayo de luz, lo que se detiene no es la luz, sino el tiempo. Hace volar la cabeza, pero es el fundamento de la relatividad especial, que Einstein formularía un par de años después de las conferencias de París. Bergson se deshizo después en elogios cuando conoció a Einstein, seguramente sin ser correspondido.

Y no olviden ver Interestelar, la película que mejor explica la dilatación del tiempo en las cercanías de un agujero negro.

 

Fuente: EP

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Bruselas ultima una multa histórica a Google por abuso de dominio con Android

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La sanción, según fuentes cercanas al caso, ronda los 4.000 millones, la mayor impuesta nunca por la Comisión Europea

LUCÍA ABELLÁN

Bruselas/ Bruselas lanza su ofensiva más enérgica contra Google. La Comisión Europea tiene ya lista una multa récord al gigante estadounidense por abuso de posición dominante a través de Android, su sistema operativo para móviles, que utilizan prácticamente todos los fabricantes menos Apple. La firma tecnológica exige a las marcas que emplean este sistema la instalación por defecto de aplicaciones propias como el buscador de Google o el navegador Chrome. Esta es una de las prácticas que las autoridades europeas juzgan contrarias a la competencia y que le valdrán el mayor castigo impuesto por un caso antimonopolio (alrededor de 4.000 millones de euros). El anterior récord también lo alcanzó Google. La decisión tensa aun más la ya compleja relación trasatlántica.

El proceso de Android está ya concluido, tras varios años de investigación, y se espera que la decisión se comunique este miércoles, según ha podido saber EL PAÍS. La Comisión Europea tenía claro que cerraría el caso antes de las vacaciones, pero había dudado entre imponer la sanción a la firma estadounidense la semana pasada o esta. El nivel confrontación alcanzado con la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a la cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas aconsejó posponer la multa.

El Ejecutivo comunitario ha intentado, al mismo tiempo, alejar lo más posible esta iniciativa de la visita que hará el presidente de esta institución, Jean-Claude Juncker, a Trump la próxima semana en la Casa Blanca. Ambas instituciones confirmaron este martes que el encuentro se producirá el 25 de julio. Pese a todo, el efecto que cause en el ánimo del magnate estadounidense es incierto. Las grandes tecnológicas nunca han sido el sector preferido de Trump, que lo veía muy escorado hacia el anterior mandatario, Barack Obama.

La multa por abuso de posición dominante con Android superará los 2.424 millones impuestos en 2017 también a Google por favorecer de forma sistemática a Google Shopping, su servicio de comparación de precios. El motivo es que el alcance del caso Android es muy superior al del comparador de precios, ya que el 90% de los móviles en Europa incorporan Android. Y esa cuota ha crecido vertiginosamente en los últimos años.

Aplicaciones propias

Con las pesquisas abiertas por este caso, Bruselas trataba de indagar si, valiéndose de esa posición privilegiada, Google favorece sus propias aplicaciones (mapas, correo electrónico…) y, por tanto, desplaza a otros competidores. Ante las sospechas fundadas de que era así, en abril de 2016 abrió un pliego de cargos a la firma (el primer paso del proceso de infracción en competencia) y finalmente ha optado por una multa récord.

Los cálculos sobre el perjuicio que Google ha ocasionado a sus competidores al exigir un trato favorable hacia sus aplicaciones en los dispositivos Android elevan la sanción al entorno de los 4.000 millones de euros. Más que la multa en sí, las mayores repercusiones para la compañía pueden venir de los remedios que exigirá le Bruselas para cumplir en adelante con las leyes europeas de libre mercado, según explican fuentes comunitarias.

El año pasado, Google ya recibió la mayor multa antimonopolio impuesta nunca por la UE. El caso entonces aludía específicamente al servicio de comparativas de precios. La Comisión acusaba a Google de favorecer a sus propios servicios y los anuncios de pago sin que los usuarios fueran conscientes del sesgo.

Android tiene un dominio absoluto de los sistemas operativos móviles que gobiernan teléfonos y tabletas. La cuota de mercado mundial es del 85,9% frente al 14% de iOS, que usan los iPhone de Apple, y el 0,1% de otros sistemas (fundamentalmente Windows), según la consultora Gartner. También casi todos los fabricantes, salvo Apple, incorporan el sistema de Google a sus dispositivos (Samsung, Huawei, Xiaomi, Oppo, LG, Sony, Vivo, etcétera).

Antes de los casos de Google, la mayor multa de las autoridades europeas de competencia a una sola empresa había recaído en 2009 en Intel, que se enfrentaba a un pago de 1.060 millones. Tras un largo litigio, la justicia europea dejó en suspenso la decisión el año pasado. Los jueces comunitarios devolvían el asunto por defectos de forma al Tribunal General (instancia inferior del tribunal de Luxemburgo), que en 2014 dio la razón a Bruselas. Ese regreso supuso para Intel una nueva oportunidad de esquivar la multa o ver su cuantía reducida, pero no implicaba que fuese a anularse.

 

Fuente: EP

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