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El dueño de Amazon anunció por Twitter que se separa de su mujer: sería el divorcio más costoso de la historia

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Jeff Bezos y la novelista estadounidense, Mackenzie, decidieron ponerle fin a su matrimonio luego de varios intentos de reconciliación. Ahora la fortuna, valuada en 137 mil millones de dólares, sería dividida en partes iguales.

Luego de 25 años de relación, y con cuatro hijos, el CEO de Amazon decidió hacer pública la decisión de terminar su matrimonio y lo hizo de una manera poco convencional.

A través de un tuit contó que él y su esposa "tras un periodo de exploración sobre nuestra relación y una separación, hemos decidido divorciarnos y seguir nuestra vida como amigos. Nos sentimos increíblemente afortunados de habernos encontrado el uno al otro y profundamente agradecidos por cada uno de los años que hemos estado casados", escribió.

La exitosa pareja se conoce de hace 25 años y tiene cuatro hijos.

A pesar de esta decisión, en su comunicado, Jeff Bezos afirma que volvería a casarse con Mackenzie. "Si hace 25 años hubiéramos sabido que nos íbamos a separar, lo haríamos todo otra vez. Hemos tenido una gran vida juntos como matrimonio, y vemos un gran futuro en el horizonte como padres, amigos, compañeros de aventuras y proyectos y como individuos en busca de más aventuras y proyectos. Aunque las denominaciones ahora cambien, seguimos siendo una familia, y también amigos muy queridos", afirmó en Twitter.

El matrimonio se conoció en la década de los 90 en la ciudad de Nueva York donde ambos trabajaban para un fondo de inversión. Al tiempo renunciaron, se mudaron a Seattle y Bezos creó Amazon. La fortuna que logró hacer con este negocio está valuada en 137 mil millones de dólares, además de la que adquirió al comprar el diario The Washington Post en 2013.

Se cree que este divorcio le valdrá el descenso en el puesto número uno del ranking de los multimillonarios en el que también se encuentra el grande las computadoras, Bill Gates, cofundador de Microsoft. Aunque todavía no se sabe cómo se dividirá la fortuna, se dice que será 50% para cada uno según las leyes que rigen en el Estado de Washington.

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Jeff Bezos compró en 2013 el diario The Washington Post por 250 millones de dólares.

Sin embargo, seguro entrarán en los primeros puestos de las listas de los divorcios más costosos del mundo. Hasta hoy los más resonantes fueron los de Mel Gibson y Robyn Moore por 450 millones de dólares, Arnold Schwarzenegger y María Shriver por 200 millones de dólares y Tiger Woods y Elin Nordegren por 110 millones de dólares, entre otros.

 

 

Fuente; EP

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El primer ejecutivo de Google se niega a descartar un buscador censurado para China

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El consejero delegado de Google, Sundar Pichai, en el Congreso de EE UU. J. SCOTT APPLEWHITE AP

Sundar Pichai comparece en el Congreso estadounidense para defender a la compañía de las acusaciones de sesgo político y para aclarar sus políticas de privacidad

PABLO GUIMÓN

Washington /Privacidad. Censura. Sesgo político. Competencia. Libertad. Cuestiones esenciales del debate público en las sociedades modernas y que se resumen, en palabras de Kevin McCarthy, líder republicano de la Cámara de Representantes, en una pregunta: “¿Sirven las compañías tecnológicas estadounidenses como instrumentos de libertad o como instrumentos de control?”.

Esa es la pregunta de fondo a la que se ha enfrentado esta mañana Sundar Pichai, de 46 años, consejero delegado de Google, en su comparecencia de más de tres horas y media ante el Comité Judicial de la Cámara de Representantes. Se trata de la aparición pública de perfil más alto hasta la fecha de un ejecutivo, con escasa experiencia en los pasillos de Washington, que había logrado hasta la fecha esquivar el escrutinio político al que se han sometido sus homólogos de Facebook y Twitter. Una oportunidad de Pichai, que se ha mostrado en todo momento tranquilo y respetuoso, para tratar de defender la reputación de su compañía, en un momento en que los grandes firmas de Silicon Valley atraviesan serias crisis de popularidad. Al fin y al cabo, como ilustró McCarthy al inicio de la sesión, “Google organiza la web entera y, por extensión, toda la información del mundo”.

La sesión ha deparado un buen número de preguntas incómodas para Pichai, en particular sobre cómo utiliza su compañía los datos de los usuarios que recoge, y también sobre sus aspiraciones en el mercado chino. El gigante tecnológico ha sido muy criticado recientemente por sus planes, filtrados este verano, de construir un motor de búsqueda que se ajuste a las exigencias de censura del Gobierno chino, para poder operar en el país que abandonó en 2010. “Esto plantea la preocupante posibilidad de que Google esté siendo usado para fortalecer el sistema de vigilancia, represión y control de China”, ha lamentado McCarthy.

“Ahora mismo no tenemos planes de lanzar un buscador en China”, ha repetido en varias ocasiones Pichai. El ejecutivo se ha referido al buscador chino como un “esfuerzo interno”, en el que ha asegurado que en un momento tuvieron hasta 100 personas trabajando, y ha prometido que será “transparente” si decide lanzar el proyecto en China. Pero se ha negado a descartar que la compañía vaya a lanzar un buscador que permita la censura, y se ha escudado en la justificación de que “explorar las posibilidades de dar acceso a la información a los usuarios” es su “deber”. En un momento de la comparecencia, el presidente del Comité ha obligado a expulsar a un manifestante con un póster que reproducía el logo de Google junto a una bandera china.

Respecto al manejo de Google de la información de los usuarios, las respuestas de Pichai se han centrado en la capacidad de estos de controlar sus términos de privacidad. Un proceso, según el ejecutivo, que la compañía ha simplificado sustancialmente los últimos tiempos.

La sesión ha permitido evidenciar las diferentes suspicacias que Google despierta en cada lado del arco político. Los demócratas han preguntado sobre protección de la privacidad de los usuarios y sobre prácticas de competencia. Los republicanos se han centrado en las acusaciones de sesgo político progresista y han acusado a la compañía de manipular los resultados de las búsquedas para silenciar las voces conservadoras.

La propia comparecencia de Pichai tiene su origen en dicha preocupación: en septiembre, la web de noticias de derechas radical Breitbart News publicó un vídeo en el que ejecutivos de Google salían con caras largas tras la victoria de Trump en 2016. Eso llevó a Kevin McCarthy, líder republicano de la Cámara baja, a pedir la comparecencia del ejecutivo de la compañía.

Así, Pichai ha tenido que tratar de explicar por qué cuando uno introduce “idiota” en el buscador de imágenes, el algoritmo arroja una riada de fotografías del presidente Donald Trump. El ejecutivo ha explicado que los empleados particulares no pueden intervenir en el algoritmo, y ha insistido en que su compañía “no tiene sesgo político”, sino que, por su propio interés, trabaja para “proporcionar información precisa y de confianza”. “Hacerlo de otra manera iría en contra de nuestros principios y de nuestros intereses empresariales”, ha dicho.

Pichai se ha visto pronto en medio de una confrontación partidista, en la que los republicanos se sienten censurados y los demócratas les acusan de sucumbir a teorías conspiratorias de la derecha. Jerrold Nadler, el congresista demócrata de más alto rango del Comité, ha hablado de una “fantasía ilegítima completa soñada por algunos conservadores de que Google y otras plataformas tienen sesgo anticonservador”.

La imagen pública de Google ha sufrido menos este año que la de Facebook, otro de los grandes gigantes tecnológicos, que ha sido el gran objeto de la ira pública, a ambos lados del Atlántico, por su papel en la distribución de noticias falsas y por no haber podido impedir que agentes externos utilizaran su plataforma para intervenir ilegítimamente en procesos democráticos, como el referéndum del Brexit o las propias presidenciales estadounidenses de 2016. Por eso, la comparecencia de Pichai no ha hecho tanto ruido como la que protagonizó Mark Zuckerberg en abril en el mismo foro.

Pero el ejecutivo de Google ha comparecido en un momento en que su empresa se ha convertido también en objeto de escrutinio público, precisamente por sus controvertidos proyectos en China, así como por su mala gestión de escándalos de acoso sexual en la compañía, que han provocado duras protestas entre la plantilla.

 

Fuente: EP

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China investiga la supuesta creación de los bebés modificados genéticamente

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He Jiankui, reflejado en la pantalla del ordenador de su laboratorio en la universidad china de Shenzhen. MARK SCHIEFELBEIN (AP)

El hospital en el que el genetista asegura haber trabajado acusa al investigador de falsificar las firmas del comité ético del centro que dio el visto bueno al experimento

MACARENA VIDAL LIY

Pekín /Repulsa absoluta de todos los lados y hasta una denuncia ante la Policía. Esta ha sido la respuesta al genetista chino He Jiankui, que asegura haber creado los primeros bebés modificados genéticamente, utilizando la técnica conocida como CRISPR para causar la mutación de un gen en dos gemelas y hacerlas así, teóricamente, inmunes al virus del sida. Las autoridades científicas de este país han abierto una investigación sobre el caso, que ha generado tantos interrogantes como críticas. El Comité de Edición Genética chino ha condenado el experimento y ha advertido que va contra las leyes del país y contra el conseso de la comunidad internacional científica. El hospital donde colaboraba He le ha denunciado por supuesta falsificación de firmas en el permiso del comité ético que, según el centro sanitario, nunca se reunió.

Un día después de su sorprendente anuncio, no está claro aún si el experimento es real. Si se llevó a cabo con toda la rigurosidad necesaria y el respaldo de un comité ético, como asegura el científico en una serie de vídeos en YouTube y en la página web de su laboratorio, o si nos encontramos ante un profesor Frankenstein del siglo XXI, actuando en solitario y dispuesto a todo para lograr su obsesión. O incluso si se trata de un gran fraude.

Todas las instancias a las que He ha aludido como implicadas en la investigación, de un modo u otro, han desmentido tajantemente su participación. El hospital con el que el científico alega haber colaborado, HarMoniCare en Shenzhen (al sureste de China), ha dado un paso más allá y ha presentado una denuncia por fraude. Las firmas plasmadas en un documento por el cual un comité ético del centro dio el visto bueno a la investigación, según el hospital, “parecen falsificadas, y nunca se celebró una reunión de nuestro comité ético. Pediremos al Departamento de Seguridad Pública (Policía) que investigue las responsabilidades legales”.

La Universidad SUST se desvincula

La Universidad del Sur de Ciencia y Tecnología de China (SUST) en Shenzhen (sureste de China), donde He era titular de un laboratorio, ha negado tener conocimiento de la prueba, que He hubiera pedido permiso a la institución o que el experimento se desarrollara en sus instalaciones. También ha subrayado que He se encuentra en situación de excedencia desde febrero y hasta 2021.

El más alto órgano de salud en China, la Comisión Nacional de Sanidad, indicó por su parte en un comunicado que ha dado órdenes para que las autoridades provinciales “investiguen con detalle y verifiquen” las afirmaciones de He. La Comisión de Sanidad y Planificación Familiar de Shenzhen confirmó, por su parte, que la investigación ya se ha abierto para “verificar la autenticidad del visto bueno ético a la prueba”.

El genetista, formado en las universidades estadounidenses de Rice y Stanford, sorprendió el lunes al mundo al anunciar el nacimiento, hace “algunas semanas” de Nana y Lulu, dos gemelas chinas a las que se les modificó el gen CCR5, que el virus del sida utiliza como puerta para atacar el sistema inmunológico humano. Según He, las niñas se encuentran en perfecto estado de salud, en su casa, y su experimento no ha provocado ninguna mutación no deseada.

El científico, que regresó a China en 2012, reclutó a siete parejas heterosexuales de voluntarios para su prueba. En todas ellas, el varón era portador del virus del sida. Hasta lograr la gestación con éxito de los embriones en “Grace”, la madre de las gemelas, utilizó once embriones en seis intentos de implantación.

En los vídeos colgados en YouTube, He asegura que está dispuesto a asumir las críticas y la polémica en torno a un paso que considera científicamente necesario. “No se trata de crear bebés de diseño, solo un niño sano”, asegura. No busca “mejorar la inteligencia, cambiar el color de ojos, la apariencia ni nada similar. No se trata de eso”. Su método, insiste, “puede ser la única manera de curar alguna enfermedad”.

He tiene previsto hablar el miércoles (durante la madrugada en España), en la cumbre mundial sobre edición de genoma humano que se celebra esta semana en Hong Kong, en una intervención que a buen seguro generará un enorme interés. El especialista no se ha dejado ver en público en las sesiones de este martes, informa Victoria Pascual.

De ser cierto lo que dice He, se habría dado un paso de gigante en la ingeniería genética. Un paso que la comunidad científica daba por sentado que se daría algún día, aunque bajo una estricta regulación. En la actualidad, una moratoria no declarada entre los científicos de todo el mundo impide la modificación genética de embriones humanos viables. La legislación en Estados Unidos y en Europa considera el experimento de He ilegal. Pero en China, estos experimentos están menos estrictamente regulados. Y el propio genetista, en sus vídeos, alude a una encuesta de la Universidad Sun Yat-Sen en China en la que dos tercios de los consultados respalda este tipo de investigación para tratar enfermedades, si se lleva a cabo con las salvaguardas suficientes.

Ya el lunes, un grupo de 122 científicos chinos expresaba su tajante condena al experimento de He, que consideran una “locura”.

Las Academias Nacionales de Medicina, Ciencia e Ingeniería de Estados Unidos, organizadores del congreso donde participará He, han recordado en un comunicado que varios estudios han emitido directrices para experimentar con modificaciones genéticas que puedan heredarse. Estas directrices consideran que la investigación en este campo podría ser permisible si una evaluación científica exhaustiva previa deja claros sus riesgos y beneficios, hay razones médicas de peso que lo justifican y no hay otras vías para solucionar el problema, y todo el procedimiento se lleva a cabo con la máxima transparencia y supervisión. En cualquier caso, cualquier prueba debe contar con el apoyo público y desarrollarse con enorme cautela.

“Está por determinar si los protocolos clínicos que resultaron en los nacimientos en China siguieron las directrices de esos estudios”, señala el comunicado de las Academias.

 

Fuente: EP

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Las huellas de la basura tecnológica acaban en la sangre de los habitantes de África

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Unos niños recogen la parte metálica de una pantalla, en Agbogbloshie, barrio de Accra, Ghana. No se protegen para manipular productos químicos como el mercurio o el plomo. Fotografía de la serie fotográfica 'Vertedero de basura 2.0', de Andrew McConnell. ANDREW MCCONNELL / PREMIOS LUIS VALTUEÑA

La cantidad de residuos electrónicos producidos en el mundo solo en 2016 equivale al peso de 4.500 torres Eiffel, según la Universidad de las Naciones Unidas

FRANCESCO RODELLA

En el centro de Accra, la capital de Ghana, hay una “llanura desolada donde el cielo de repente es gris y no crece nada”. Es Agbogbloshie, uno de los vertederos ilegales de basura electrónica más grandes del mundo. Y así lo describe Jelena Bosnjakovic, una joven italiana que estuvo allí el pasado julio para realizar un trabajo académico sobre esta forma de contaminación moderna. “Hay personas, incluidos menores, que trabajan allí y queman todo el tiempo la basura para recuperar los materiales valiosos o los objetos que se podrían reutilizar. Viven de eso”, agrega esta recién licenciada.

Ese lugar infernal no es el único así existente en países en vías de desarrollo, tal y como aseguran informes y trabajos periodísticos. La mayoría de los residuos que se acumulan en estas áreas proceden ilegalmente de Estados Unidos, Europa y China. Muchos contienen materiales químicos peligrosos, sacados de las profundidades de la Tierra y utilizados en la fabricación de móviles y otros dispositivos. La contaminación derivada afecta al medio ambiente y a los habitantes de aquellos sitios: esos vertidos pueden dejar huellas en su sangre, según demuestra una serie de estudios científicos publicado en 2017 por investigadores de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria. Los efectos para la salud de estas sustancias, advierten los especialistas consultados, aún están largamente desconocidos.

La pulsante carrera tecnológica global dejó en herencia solo en 2016 45 millones de toneladas métricas de basura electrónica, según el informe Global E-waste Monitor 2017, realizado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), el International Telecommunication Union (ITU) y el International Solid Waste Association (ISWA). Lo que equivale al peso de 4.500 torres Eiffel. El documento prevé además para los años que vienen un aumento de estos residuos: en el 2021 se superarán los 50 millones de toneladas métricas, según calculan los autores.

Hay diferencias abismales en la producción de basura electrónica entre las distintas regiones del mundo, según este informe. En 2016, en EE UU y Canadá cada habitante produjo en media unos 20 kg de estos residuos. En Hong Kong (China), de media se produjeron 19 kilográmos por persona. Los habitantes de los Estados miembros de la UE tiraron a la basura 17,7 kilográmos de productos tecnológicos cada uno. Por el otro lado, los 1.200 millones de habitantes del continente africano generaron cada uno en media 1,9 kilogramos de residuos electrónicos.

Problemas de reciclaje y tráficos ilegales

A principios de 2017, uno de cada tres países no tenía una legislación nacional en materia, según el informe de la UNU. “En muchas regiones de África, América Latina o el sur-este de Asia ni siquiera se reconoce la basura electrónica como tal”, afirma Vanessa Forti, una de las autoras del informe de la UNU.

En la UE sí hay una legislación estricta, explica la investigadora. Todos los países miembros deben establecer puntos de recogida y de procesamiento de los residuos, favorecer el diseño y la producción de aparatos reutilizables y ofrecer datos anuales sobre cuánta basura electrónica se genera y cuánta se recicla. Pero también en este caso queda trabajo por hacer. “Para muchos países es difícil desarrollar plantas eficientes. Reciclar algunos tipos de residuos y recuperar todos los materiales es caro”, explica Forti.

Esta situación hace que incluso en la UE se recicle menos de un 50% de la basura electrónica generada. La brecha se extiende si se consideran los datos a escala mundial. Según la UNU, el paradero de casi un 80% de los residuos electrónicos producidos en todo el mundo en 2016 quedó desconocido o no reportado.

También es un problema de definiciones. El Convenio de Basilea, firmado en 1989 por 186 países establece que existen residuos peligrosos, que no se pueden exportar como un producto comercial. Pero incluye también entre los objetivos principales para conseguir mayor sostenibilidad medioambiental la reutilización de los productos. El informe de la UNU explica que, por eso, en el caso de los residuos electrónicos la distinción entre si algo es basura o un objeto de segunda mano es “un debate de larga data”.

Forti afirma que esta indeterminación favorece tráficos ilegales de residuos electrónicos. “Se exportan bajo la etiqueta de reutilizables productos que en realidad no lo son. Uno de los métodos es hacerlos pasar como donaciones para países en vías de desarrollo, aunque cuando llegan a su destino no son utilizables”, asegura la investigadora. El proyecto de la Unión Europea Countering WEEE Illegal Trade calculó que solo en 2012 se exportaron de la UE de forma indocumentada 1,3 millones de toneladas de productos electrónicos desechados. De ellos, se estima que un 30% eran residuos inutilizables. Así se explica por qué parte de la basura electrónica producida en los países ricos acaba en lugares como Agbogbloshie.

PRODUCCIÓN MUNDIAL DE BASURA ELECTRÓNICA

Basura en la sangre de los más pobres

En ese vertedero, donde se acumulan residuos como móviles rotos, pero también aparatos más grandes y otro tipo de basura, “las personas trabajan sin precauciones de ningún tipo”, cuenta Bosnjakovic. Las condiciones de vida son ínfimas, según esta joven. “Hay gente que vive en las neveras abandonadas o en las carrocerías de los coches”, asegura. “Los materiales que salen de estos residuos peligrosos pueden terminar en el suelo. También la tierra, en el sentido físico, está enferma”.

No solo en Agbogbloshie se sufre por esa contaminación. El segundo de los estudios realizados en Canarias, publicado hace un año en Enviromental Pollution, examinó la sangre de 245 individuos recién llegados de 16 países africanos. Luis Alberto Henríquez, el autor principal, asegura que se encontraron muchos elementos químicos procedentes de los residuos tecnológicos. Los individuos con más cantidades de sustancias peligrosas en el cuerpo, agrega, son los que “venían de países importadores de basura electrónica o con más desarrollo industrial”. En otro artículo, publicado en Environment International, se demostró una asociación entre la presencia de estos metales y una mayor tasa de anemia.

El docente asegura que algunos de estos elementos pertenecen al grupo de las “tierras raras”, minerales como el sedium, el samarium o el europium que hasta hace pocos años no se utilizaban y se quedaban en el subsuelo. “A día de hoy no sabemos si son tóxicos para los individuos ni sabemos los niveles a partir de los cuales pueden producir toxicidad”. Argelia Castaño, directora del Centro Nacional de Sanidad Ambiental, confirma que sobre muchos elementos contenidos en los dispositivos electrónicos “realmente se sabe poco” y cree que para conocer qué consecuencias pueden suponer para la salud humana se necesitan estudios de biomonitorización periódicos. “Lo primero que hay que hacer es ver si efectivamente los niveles de contaminantes se están incrementando y en qué poblaciones”, afirma.

En opinión de Henríquez, “si nos pasamos los próximos 20 años quemando los móviles y tirándolos a la basura, la cantidad de contaminantes nuevos que nos pueden rodear va a ser muy alta”, alerta. Castaño recuerda que los daños de la contaminación no se quedan solo en el sitio donde se produce. “No hay ningún elemento en el mundo que sea estanco”, asegura. Forti agrega: “Estos materiales pueden penetrar en el subsuelo, en los acuíferos, y contaminar la cadena alimenticia”.

La investigadora de la UNU recuerda que reciclar los dispositivos electrónicos permite sacar un beneficio importante, porque así se pueden “recuperar materiales valiosos como oro y plata”. Por eso cree que los productores tienen que dar prioridad al diseño de dispositivos cuyos componentes se puedan intercambiar y reutilizar para favorecer más sostenibilidad ambiental.

De propuestas como esa habla también el trabajo de Jelena Bosnjakovic. Esta joven afirma que en Agbogbloshie tocó realmente con mano las consecuencias de la contaminación electrónica. “La manera en la que tratas al medio ambiente se refleja en tu vida, en tus condiciones de salud y en tu humanidad. El medio ambiente es tu casa”.

DÓNDE TIRAR EL MÓVIL QUE YA NO TIENE ARREGLO

En España el reciclaje de residuos electrónicos es obligatorio desde 2005. “Cada vez que adquirimos un aparato electrónico, una pequeña proporción de su precio final se destina a ese proceso de recogida y reciclaje”, explica José Pérez, consejero delegado de Recyclia, la principal plataforma de recogida de este tipo de basura en el país. Los productores están obligados a financiar el reciclaje de estos productos, pero toca a los ciudadanos hacer el primer paso.

Si se le rompe el móvil y no sabe qué hacer con él, encontrar una salida sostenible para el medioambiente no es muy complicado. “Se puede llevar a un punto limpio municipal, o también entregarlo en cualquier establecimiento comercial de más de 400 m2, ya que estos están obligados a recoger cualquier aparato electrónico de menos de 25 centímetros para su reciclaje”, asegura Pérez.

Recyclia también pone a disposición un servicio destinado explícitamente a la recogida de residuos electrónicos. “Hay 665 puntos de recogida, llamados Tragamóvil, desplegados por toda España en tiendas de telefonía, servicios técnicos, ayuntamientos, universidades y superficies comerciales”, añade el consejero delegado de la plataforma.

De allí la basura tecnológica se tiene que llevar a plantas de tratamiento autorizadas. “Con las tecnologías de reciclaje disponibles actualmente en nuestro país, entre el 85 y el 90% de los materiales contenidos en los residuos electrónicos ya se pueden reciclar”, asegura Pérez. Según los datos de Recyclia, en 2017 se gestionaron 262.000 toneladas de estos residuos, un 16% más que el año anterior, lo que supone el 50% del peso medio de los aparatos puestos en el mercado en los tres años anteriores.

 

Fuente: EP

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Facebook sufre un nuevo escándalo interno

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El símbolo del "like" de Facebook a la entrada de la sede de la compañía en Menlo Park (California). AP

Mark Zuckerberg sale a defender a su compañía de acusaciones de diluir la investigación rusa y fomentar la desinformación

JORDI PÉREZ COLOMÉ

Facebook sigue sufriendo las consecuencias de dos años de crisis y drama internos. La última mala noticia ha sido un largo reportaje del New York Times -preparado durante seis meses por cinco periodistas y con más de 50 entrevistas- donde queda en evidencia que Facebook, a pesar de su retórica, se comporta como una gran compañía más: el crecimiento y su prestigio, por encima de todo.

El New York Times reveló que la reacción de la número 2 de la compañía, Sheryl Sandberg, a la investigación rusa fue minimizarla. Quería evitar vincular el nombre de Rusia con el éxito de Donald Trump para no enfadar a republicanos. A principios de 2017, las agencias de inteligencia ya habían anunciado que el mismo presidente Putin había ordenado una campaña de influencia para ayudar a elegir a Trump. Facebook publicó un informe en abril de 2017 y no citó a Rusia. No fue hasta septiembre, cuando ya internamente era flagrante la campaña rusa en Facebook con anuncios y posts virales, cuando Zuckerberg decidió dar la cara.

La compañía disputa la intensidad y los plazos del New York Times: "He dicho muchas veces que fuimos demasiado lentos para detener la interferencia rusa. Sugerir que no estábamos interesados en saber la verdad, o esconder lo que sabíamos simplemente no es verdad", dijo Zuckerberg este jueves en una rueda de prensa telefónica.

El ex jefe de seguridad de Facebook, Alex Stamos, dijo en Twitter que nadie le había impedido investigar la campaña rusa. Pero la pregunta real es si se diluyó su labor. Su hilo en Twitter no aclara el fondo, aunque reparte culpas para todos, también para los medios por publicar historias sobre los emails de la campaña de Hillary Clinton sin importarles que vinieran de la inteligencia rusa. Stamos tampoco aclaró si su acuerdo de finiquito con Facebook incluye evitar criticarles.

Creadores de desinformación

La reacción a la campaña rusa no fue la peor revelación del reportaje del Times. La noticia más desastrosa fue la contratación de una empresa de relaciones públicas, Definers Public Affairs, para difundir la presunta financiación oscura de activistas en contra de la compañía -Freedom from Facebook, por ejemplo- o criticar a algunos de sus rivales, como Apple.

Zuckerberg dijo que se enteró que Facebook trabajaba con Definers al leer el New York Times: "Eso son tácticas típicas de Washington", dijo. Ese mismo día rompió el contrato con Definers. La información es, como poco, embarazosa. Definers trabaja en el límite de la desinformación. Tiene una web, NTK Network, con 120.000 seguidores en Facebook, donde publica historias que a menudo replican otras publicaciones conservadoras con más tráfico. Facebook por tanto combatía con una mano en su plataforma la expansión de las fake news y, con la otra, las fomentaba contra sus rivales.

El gran rival al que presuntamente acusaban de financiar Freedom from Facebook es George Soros, objetivo constante de campañas antisemitas. En su declaración sobre el reportaje del New York Times, Facebook admitía este objetivo con Definers: "La intención era demostrar que no era simplemente una campaña espontánea de base, como decían, sino apoyada por un crítico de la compañía bien conocido [Soros]. Sugerir que esto ea un ataque antisemita es reprobable y falso".

El presidente de la Fundación Open Society, Patrick Gaspard, financiada por Soros, ya había respondido a la información del Times con una carta a Sandberg, la número 2: "Hay un esfuerzo conservador concertado para demonizar a George Soros y sus fundaciones, que yo dirijo", escribía. "La idea de que su compañía se implicó activamente en ese mismo comportamiento para desacreditar a gente ejerciendo su derecho a protestar el rol de Facebook en diseminar propaganda vil es francamente asombroso para mí", añadió.

¿Y ahora qué?

Las revelaciones son graves, pero sus consecuencias pueden ser peores. Sheryl Sandberg había trabajado en administraciones demócratas. El reportaje sugiere que políticos demócratas habían sido poco agresivos con Facebook. Las novedades provocaron el mismo jueves un alud de críticas desde el Congreso que pueden llevar al mayor temor para Facebook: la regulación. Si los políticos se atreven, hay dos vías para frenar a Facebook: una más compleja, que es meterse en legislar el funcionamiento de la red social. Otra más directa y definitiva: obligar a Facebook a desmembrarse y deshacerse de sus minas de oro futuras, Instagram y WhatsApp.

Hasta ahora, el argumento era que la mejor opción era presionar a Facebook para que se regulara a sí mismo. Ese fue en parte el contenido de la rueda de prensa de Zuckerberg del jueves. Anunció dos novedades que pueden cambiar el rumbo de la compañía, pero que quedaron soterradas por las preguntas sobre el Times.

Primero, su algoritmo iba a dejar de premiar el contenido más sensacionalista, que explicó con esta admisión notable: "Uno de los grandes problemas de las redes sociales es que, cuando se las deja sin control, la gente se engancha desproporcionadamente al contenido más sensacionalista y provocador. No es un fenómeno nuevo. Está extendido en la tele por cable y ha sido un rasgo básico de los tabloides. Si se escala, puede socavar la calidad del discurso público y llevar a la polarización. En nuestro caso, puede degradar la calidad de nuestros servicios". Está por ver cómo la inteligencia artificial detecta y degrada estos contenidos en la página de Facebook de cada usuario, pero la intención aspira a cambiar la red tal y como la conocemos. Zuckerberg comparó, de hecho, el funcionamiento de Facebook a un tabloide.

La segunda noticia que dio Zuckerberg es la creación de un Tribunal Supremo de Facebook que sea quien decida sobre la retirada o no de contenidos debatibles. La intención de Zuckerberg es publicar los dictámenes de ese nuevo organismo. El objetivo es que esté en marcha durante 2019.

El caso de Facebook ilustra la madurez de los gigantes tecnológicos. Ya no pueden defender que su gran misión es "hacer el mundo más abierto y conectado" es intrínsecamente buena. Más cuando es obvio que la empresa está centrada en hacer lo que las empresas hacen mejor: ganar dinero. Cuando Facebook ha tenido que escoger entre crecer y crecer o ser más transparente, sincero o humilde, ha escogido la primera opción. Ahora Facebook recibe el tratamiento reservado a gobiernos o grandes empresas: suspicacias, sospechas, peticiones de responsabilidad. El nuevo estatus puede perjudicarle con la moral de sus trabajadores o la capacidad para contratar a jóvenes talentos con ganas de cambiar el mundo.

Pero no todo es solo malo: si logra sortear las peores consecuencias, su relevancia apunta a que está más cerca de convertirse en una compañía estable y dominante durante años.

 

Fuente: EP

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