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Más especies invasoras por culpa del plástico en el mar

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Peces nadando alrededor de desechos plásticos en las costas de Samandag, cerca de Turquía. GETTY IMAGES

Los residuos pueden permanecer a flote durante décadas, recorrer distancias de más de 3.000 kilómetros y propagar enfermedades

BELÉN JUÁREZ

Los científicos creen que se ha subestimado el coste social y económico de los desechos plásticos. Los residuos pueden permanecer a flote durante décadas, recorriendo distancias de más de 3.000 kilómetros y creando nuevos hábitats para las bacterias y las algas. Estas colonias noveles aumentan el riesgo de propagación de especies invasoras y enfermedades, asegura un estudio publicado recientemente en Marine Pollution Bulletin.

El documento, titulado Impacto ecológico, social y económico global del plástico marino, asegura que las aves, peces, mamíferos y tortugas se enredan e ingieren plástico, lo que provoca que los niveles de población de algunos animales se reduzca. En el futuro, estos efectos se traducirán en profundos cambios en la biodiversidad.

El plástico marino (las ocho millones de toneladas que se vierten a los océanos al año según la Organización de Naciones Unidas) se ha relacionado con el aumento de especies invasoras. El plástico actúa como una balsa que transporta a los organismos. Pero, mientras las algas y la madera se descomponen con bastante rapidez, (limitando la distancia que pueden recorrer los animales), el plástico no se descompone tan pronto, por lo que si una especie se adhiere a un trozo de plástico, puede viajar mucho más lejos que hace unos años. "Existen evidencias de que estos residuos están permitiendo que las especies viajen más lejos y habiten nuevos lugares al proporcionar una balsa de larga duración”, señala Nicola Beaumont, doctora del Laboratorio Marino de Plymouth, en Reino Unido y autora del informe.

"Existen evidencias de que estos residuos están permitiendo que las especies viajen más lejos y habiten nuevos lugares al proporcionar una balsa de larga duración”, señala Nicola Beaumont, doctora del Laboratorio Marino de Plymouth, Reino Unido y autora del informe

Los plásticos se encuentran en todo el mundo, desde las costas más pobladas hasta las más remotas, y producen que la pesca, la acuicultura, las actividades recreativas y el bienestar mundial se ven afectados negativamente. El documento estima que el beneficio que el ser humano obtiene de los océanos disminuye del 1% al 5% anualmente.

Tanto la eficacia y la productividad de la industria pesquera como la salud de las personas se ve afectada, aunque aún no se han demostrado de forma concluyente. “Los plásticos tienen un impacto en el sector de la recreación y el turismo, ya que la gente no quiere visitar áreas sucias, además de los cambios de temperatura y acidez, y una gran cantidad de otros contaminantes”, explica Beaumont. El efecto acumulativo de todos estos factores de estrés es difícil de predecir, pero si continúan de manera prolongada, podríamos notar cambios sustanciales en la biodiversidad marina y en el funcionamiento de los mares. “Desconocemos todavía lo que plástico está haciendo o puede llegar a hacer en los océanos, lo que sí sabemos es que sus efectos serán crónicos y se padecerán a escala global”, asegura Andrés Cózar, profesor de biología de la Universidad de Cádiz.

Los plásticos se fragmentan hasta hacerse invisibles al ojo humano, permanecen en el medio ambiente durante períodos geológicos y son fáciles de ingerir por accidente. “Depositados en los fondos, en oscuridad y bajas concentraciones de oxígeno, son prácticamente eternos”, apunta Cózar.

Los Gobiernos han de tomar conciencia

Hay muchas variaciones en las cantidades de plástico que producen y utilizan los países y la cantidad que se recicla y se almacena en los vertederos. “Los más poblados y en vías de desarrollo son los que ocupan los primeros puestos en descargas de plástico al mar. Son los países que disfrutan de las comodidades del uso del plástico pero que no han desarrollado todavía servicios de recolección y tratamiento de basuras suficientes, al igual que ocurría en España hace 30 o 40 años pero con la diferencia de que el mercado del plástico no estaba desarrollado entonces”, explica Cózar. Se trata de un problema a escala mundial: las acciones de un país afectan a muchos otros. “Gran parte del plástico marino del Reino Unido llega a las zonas árticas”, señala Beaumont.

 

 

Fuente: EP

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La bomba atómica convirtió Hiroshima en arena de playa

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Algunos de los materiales vítreos hallados en las playas cercanas a Hiroshima. MARIO WANNIER/ANTHROPOCENE, VOLUME 25

Miles de millones de partículas vítreas de las playas cercanas proceden de la ciudad volatilizada por la explosión

MIGUEL ÁNGEL CRIADO

A las 8.15 del 6 de agosto de 1945 una bomba de 4,4 toneladas y 64 kilos de uranio enriquecido explosionó sobre Hiroshima. Con la potencia destructora de 16.000 toneladas de TNT, Little Boy acabó con la vida de 70.000 personas en un instante y decenas de miles más en las semanas, meses y años posteriores. Arrasó toda la ciudad, volatilizando todo lo que había en un radio de 3,6 kilómetros. ¿Dónde fueron a parar los cristales de las ventanas, las casas, el cemento de los edificios, las calles...? El hallazgo de, quizá miles de millones, de partículas vitrificadas en las costas cercanas, sugiere que los materiales de los que estaba hecha la ciudad japonesa se convirtieron en arena de playa.

"Fui personalmente a Hiroshima en 2015, poco después de recibir una muestra de arenas de Motoujina", recuerda el geólogo ya retirado y principal autor de la investigación, Mario Wannier. Motoujina es una península de la bahía de Hiroshima, situada a una decena de kilómetros de la ciudad japonesa. Allí, en una de sus playas, su colega en geología del petróleo, el vasco Marc de Urreiztieta, había encontrado unos granos de arena que le iban a interesar. "En ellos reconocí una gran variedad de partículas de vidrio redondeadas".

Los autores han bautizado a las nuevas partículas con el nombre de hiroshimaita

Se trata de materiales extraños, muy diferentes de las cuarcitas y feldespatos que forman el grueso de una playa. Recordaban más a los materiales fundidos y después solidificados de una erupción volcánica. Pero en 200 kilómetros a la redonda no ha habido actividad volcánica en Hiroshima en el periodo histórico.

Wannier tomó muestras de seis playas de la península de Motoujina y la cercana isla de Miyajima. Mediante el uso de microscopio óptico, microscopio electrónico de barrido y el acelerador de partículas (sincrotón) del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley de EE UU, los investigadores pudieron realizar un completo análisis petrográfico de las muestras y las sorpresas, publicadas en la revista especializada Anthropocene, no dejaron de aparecer.

En primer lugar, la concentración de partículas vítreas es muy alta. Por cada kilogramo de arena seca, había 18 gramos de materiales vidriosos. Asumiendo que esta proporción se mantiene, la masa de estas partículas en la capa superficial (10 centímetros) rondaría las 36.000 toneladas solo en las playas de Motoujina.

Por su forma, el 90% de los granos vítreos son de forma esférica (esférulas) o perlada, casi todos brillantes y con las primeras capas traslúcidas. Muchos tienen burbujas en su superficie y otros parecen tubitos de cristal. El resto del material es de origen metálico aunque se parece al caucho y hay infinidad de pequeños cristales que recuerdan a la obsidiana y la pumita de los volcanes. Nada que ver con la forma y estructura cristalina del resto de la arena. Formas así, tan redondeadas y vítreas solo se producen en condiciones muy extremas de temperatura, por encima de los 1.800º y fugaces, con un enfriamiento muy rápido.

"Todas estas partículas tienen en común un origen en un ambiente de alta temperatura y alta velocidad. Algunas partículas (por ejemplo los vidrios filamentosos con vesículas) no tienen analogías con partículas conocidas", comenta Wannier. Los vidrios cuajaron muy rápidamente después de haber estado en un estado fluido. Como este proceso se produjo en un ambiente donde este material se movía con alta velocidad, los fluidos tomaron una forma aerodinámica durante este cambio de temperatura", añade.

En las playas estudiadas podría haber 36.000 toneladas de partículas que una vez fueron Hiroshima

Una vez realizada la petrografía, había que determinar su origen. "La bomba atómica era, obviamente, la pista más evidente (smoking gun, en inglés) que estaría detrás de todo esto", cuenta de Urreiztieta en un correo. "Pero contrastamos nuestra hipótesis meticulosa y rigurosamente con todas las alternativas contaminaciones naturales o industriales (áreas de dispersión de polvo cósmico, lluvia volcánica, tifones, las mareas de la bahía de Hiroshima, fuegos artificiales, un incendio que hubo en la factoría Mazda [fabricante de automóviles]...) Una concienzuda investigación complementada por los análisis realizados por Hans-Rudolf Wenk, de la Universidad de California Berkeley", completa el geólogo vasco.

Wenk observó una gran heterogeneidad en la composición química de las muestras, incluyendo concentraciones significativas de aluminio, silicio y calcio. Gracias al sincrotón, identificaron microscópicos glóbulos de cromo y hierro y otras partículas compuestas de carbono y oxígeno. "Algunas se asemejan a lo que tenemos tras el impacto de un meteorito, pero la composición es algo diferente", dice en una nota Wenk. "Había formas bastante inusuales. Algo de hierro y acero puro. Algunas de ellas tenían la composición de los materiales de construcción", añade.

"Como ellos mismos expresan ni los fuegos artificiales, ni las fábricas, ni otras fuentes dan ese tipo de partículas. Además, la geología regional y local tampoco tiene nada que ver con esos vidrios", dice el geólogo de la Universidad de Salta Ricardo Alonso, que ha tenido ocasión de revisar la investigación. "Dada la cercanía con el hipocentro de la detonación atómica lo más certero es relacionarlos. Si fuera en otro contexto uno podría pensar en tectitas", añade. Las tectitas son materiales que se generan con el impacto de un meteorito y podrían explicar la particular forma de estas arenas de playa.

"Estos impactos generan vitrificaciones del sustrato, el material sale eyectado hasta la estratosfera, por eso las anomalías de los grandes impactos llegan a todo el planeta", recuerda el investigador del Instituto de Geociencias (CSIC), Jesús Martínez Frías, no relacionado con el estudio. "Cuando impactó el gigantesco asteroide o cometa que acabó con los dinosaurios se produjo una anomalía de iridio, repartiendo el material por todo el planeta. Estos materiales luego caen en forma de vidrios. Esto es lo que pudo haber pasado aquí, solo que esta vez el impacto no sería natural, sino antropogénico", opina.

La última prueba que hicieron los investigadores fue comparar las arenas vidriosas de Hiroshima con la trinitita, un material generado por la explosión de Trinity, la primera bomba atómica, detonada en Alamogordo, en el desierto de Nuevo México días antes de aquel seis de agosto de 1945. Encontraron un proceso de formación y estructura vítrea similar, aunque con composición química diferente. Lo explica Urreiztieta: "Las mayores diferencias entre las partículas que hemos bautizado como hiroshimaita y las trinititas de Alamogordo se deben probablemente al hecho de que Little Boy fue detonada sobre un entorno urbano muy heterogéneo frente al dispositivo probado en el desierto". Para Wannier, "es poético considerar la mutación de una ciudad en arenas con perlas de vidrio; lamentablemente el proceso con que llegó a esta condición carece totalmente de poesía".

 

Fuente: EP

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Los océanos, llegaron del espacio?

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Imagen del asteroide Itokawa. JAXA

La mitad del agua de los océanos llegó a la Tierra en forma de una lluvia de asteroides

JAVIER SAMPEDRO

El origen de la vida es uno de los grandes temas abiertos en biología evolutiva, si es que se le puede considerar así, porque no está claro hasta qué punto podemos hablar de “biología” ni de “evolutiva” en un tiempo en que aún no se ha formado la primera célula. El salto de la materia orgánica al sistema vivo más simple resulta tan abismal que nunca han faltado científicos —Arrhenius, Crick, Hoyle, Venter— que han preferido claudicar y echarse en manos de la panespermia, la hipótesis de que las primeras bacterias nos llegaron del espacio. Desde luego esto resolvería el problema de un plumazo para el caso de la Tierra, aunque le pasaría el ascua ardiendo a algún científico alienígena, caso de haberlo. La panespermia tiene una pésima reputación, pero hay una versión débil que se puede considerar consolidada: que la vida no viene del espacio, pero sus componentes básicos sí, empezando por el agua. Lee en Materia las evidencias de que la mitad del agua de los océanos nos llegó de los asteroides en la infancia del planeta, cerca de 4.000 millones de años atrás. Y poco antes de que surgiera la vida.

Más allá del agua, hoy se acepta la idea de que algunos compuestos orgánicos esenciales para la vida llegaron también con aquella lluvia brutal de asteroides y cometas

Los asteroides (o planetoides) son residuos de la formación del sistema solar, rocas de menos de mil kilómetros de diámetro que no llegaron a reunirse entre sí para formar un planeta en los orígenes del sistema solar, hace 4.500 millones de años. La gran mayoría giran en torno al Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter (el llamado cinturón de asteroides). El asteroide Itokawa, al que se refiere el nuevo trabajo, tiene solo 500 metros de largo, y también es excepcional porque orbita entre la Tierra y Marte, pero por lo demás es una roca muy común: un asteroide de tipo S, de los que nos llega la mayoría de los meteoritos que caen a la Tierra. Los científicos no solo han comprobado que tiene agua abundante, sino también que esa agua tiene la misma composición de isótopos (variantes atómicas del hidrógeno y del oxígeno) que el agua de nuestro planeta. Todo encaja si los asteroides de esa clase bombardearon la Tierra hace 3.900 millones de años, trayendo así una enorme cantidad de agua a un planeta sediento.

Más allá del agua, hoy se acepta la idea de que algunos compuestos orgánicos esenciales para la vida llegaron también con aquella lluvia brutal de asteroides y cometas. Entre ellos destacan los aminoácidos, que son los componentes básicos de todas las proteínas de nuestro cuerpo. Esta es la versión de la “panespermia débil” que admite la ciencia planetaria actual. Y hay que hacer énfasis en lo de “débil”, porque el salto de ahí no ya a la primera célula viva, sino incluso a las primeras moléculas con una complejidad organizada —proteínas, ADN o ARN— sigue pareciendo un abismo conceptual. Y, para colmo, no hay vastas cantidades de tiempo que puedan acudir en nuestra ayuda, porque la aparición de la vida fue rápida en términos geológicos. Pero la investigación sobre aquellos tiempos oscuros sigue siendo activa, y las ideas también evolucionan deprisa.

 

Fuente: EP

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Descubierto en Nuevo México un pariente del ‘Tyrannosaurus rex’

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Reconstrucción del tiranosaurio 'Suskityrannus hazelae'. ANDREY ATUCHIN

Una especie de hace 92 millones de años ayuda a entender la evolución de los tiranosaurios

MARÍA PORTALÉS

Un grupo de paleontólogos británicos y estadounidenses ha descubierto una nueva especie pequeña, pariente del Tyrannosaurus rex. Los fósiles fueron descubiertos en 1998, cuando el niño de 16 años Sterling Nesbitt, uno de los principales autores de la investigación, estaba de excursión con su instituto en un yacimiento en Nuevo México. Durante más de ocho años, el fósil se guardó en el Museo de Historia Natural de Mesa, Arizona.

Después de más de 20 años y con el estudio del cráneo de otro dinosaurio de la misma especie que encontró Robert Denton hace 22 años, se ha descubierto la nueva especie, Suskityrannus hazelae, que, como afirman los paleontólogos de la investigación, se podría considerar el primo del Tyrannosaurus Rex. “Nos ayuda a entender cómo los tiranosaurios se convirtieron en animales dominantes. El Suskityrannus nos cuenta que los tiranosaurios fueron pequeños y humildes casi hasta el final del Cretácico, cuando de repente se convirtieron en animales mucho más grandes” explica Steve Brusatte, paleontólogo en la Universidad de Edimburgo y parte del grupo de investigadores.

El nombre de la nueva especie, Suskityrannus hazelae, viene de la lengua del pueblo Zuñi y se traduce como “el coyote tirano”, debido a su parecido al coyote por ser un predador ágil y pequeño. La tribu de nativos americanos habita las tierras donde se encontraron los huesos. “Nuestro equipo trabajó con la tribu y les pedimos permiso para poder utilizar el nombre. Esperamos que esto sea una medida de respeto para las personas que ocuparon estas tierras después de los dinosaurios”, cuenta Brusatte.

Con los fósiles encontrados se puede hablar de un dinosaurio que no llegaba al metro de altura y tres metros de ancho y pesaba alrededor de 50 kilos. Si se compara con el Tyrannosaurus rex, es como el tamaño de la cabeza de éste. En la expedición no se encontraron los brazos, por lo que no se puede confirmar que tuviese un parecido con los de la especie anterior, sin embargo, sí que se encontraron unas garras de un tamaño bastante pequeño. Según los investigadores, el animal podía correr rápido por la largura de sus piernas y, además, tenía los dientes afilados propios de un animal carnívoro.

Esta especie data de hace 92 millones de años, una época de la que quedan escasos fósiles. Probablemente sea debido a los altos niveles de mar que inundaron los continentes y disminuyeron el potencial de conservación por la erosión. También parece ser que hubo ciertos cambios climáticos y del entorno durante este tiempo que afectaron a los animales y pudieron causar algunas extinciones.

Brusatte habla del descubrimiento de esta nueva especie como un puente entre los tiranosaurios más viejos, primitivos y pequeños de la época del Jurásico, hace unos 170 millones de años, y los grandes monstruos del final del Cretácico, que vivieron entre 84 a 66 millones de años atrás.

 

Fuente: EP

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Acabar con el cáncer que se transmite de padres a hijos

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De izquierda a derecha, de pie, los investigadores Laura Remacha, Alberto Cascón y Mercedes Robledo. La segunda por la izquierda, Pilar García, madre de los pacientes. JULIAN ROJAS

Un equipo científico busca identificar qué mutaciones causan los tumores más hereditarios

DANIEL MEDIAVILLA

Pilar García recuerda medio en broma que su marido intentó echarle la culpa de la amenaza que sus hijos llevan dentro. Todos, dos chicos y una chica, comparten una variante genética hereditaria que puede provocar un tipo de tumor extremadamente raro. La ciencia demostró que el origen del mal estaba en su marido, pero también que nadie tenía la culpa. La mutación surgió por azar hace, probablemente, muchas décadas. Pilar se plantea también si, de haber sabido que ella o su marido portaban la mutación, habría tenido a sus hijos. “Si lo llego a saber no los habría tenido”, susurra. “O sí, porque qué habríamos hecho sin estas joyas”, rectifica.

La relación de Pilar con la enfermedad de su familia empezó en 2004, cuando su hijo Juan empezó a tener síntomas difíciles de explicar: dolores abdominales, de cabeza, tensión alta… “No dormía, comía como una lima y estaba como un pirulí”, cuenta Pilar. Durante años peregrinó de médico en médico y de hospital en hospital, sin aceptar las respuestas poco concluyentes de los especialistas que llegaron a recomendar una operación para extirparle el apéndice. “En estos casos, conformarte con la opinión del médico que te toca puede ser un error”, comenta Mercedes Robledo, jefa del Grupo de Cáncer Endocrino Hereditario del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas).

Fue el equipo de Robledo el que en 2008, después del acierto de una endocrina, logró identificar el origen del sufrimiento de Juan y se le pudo extirpar un tumor que había desbocado sus niveles de adrenalina. Tras realizar un estudio genético, se descubrió que, además de los dos hermanos, también el padre portaba la misma mutación. En su caso le había provocado un tumor en el cuello del que pudo operarse. Más de una década después, toda la familia está bien, aunque deben realizar un seguimiento anual para intervenir a tiempo si el gen mutado vuelve a generar un tumor.

Estos tumores forman parte de más de 7.000 enfermedades raras con síntomas difíciles de identificar

Los paragangliomas y feocromocitomas son tumores muy raros, casi extravagantes, comenta Alberto Cascón, miembro del mismo grupo del CNIO. En España se detectan poco más de veinte casos al año. Se trata de los tumores más heredables. Los padres se lo transmiten a sus hijos hasta en un 40% de los casos y en el CNIO conocen familias con hasta 10 miembros afectados. En muchos casos, además del riesgo de sufrir metástasis, que se da en el 20% de los casos, los pacientes tienen muy mala calidad de vida. Causa desajustes en el organismo que pueden provocar la necesidad de ir al baño 40 veces al día.

Como en el caso de Pilar, las familias con estos tumores deben superar en primer lugar el desconocimiento. Hay más de 7.000 enfermedades raras con síntomas y causas que un médico puede no haber visto o estudiado jamás. Este conocimiento disperso se podría mejorar, según Robledo, centralizando los casos o a través de centros especializados como el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (Ciberer), que agrupa a especialistas en dolencias infrecuentes.

Dado su carácter hereditario, una vez que los pacientes han identificado que tienen uno de estos tumores, el siguiente paso consiste en identificar la mutación concreta que lo ha provocado y realizar pruebas a otros familiares para que, si la llevan, puedan incluirse en los programas de prevención, detección temprana y seguimiento. No obstante, como comentan los investigadores del CNIO, no todos los familiares quieren saber. “Algunos prefieren no hacerse las pruebas”, señala Cascón.

Para los que sí quieren saber, el grupo liderado por Robledo ha acumulado un registro de 800 pacientes índice (entre familias y casos individuales) desde 1996 y recibe muestras para realizar diagnóstico genético de España y de otros países como Alemania, Italia o Canadá. En algunos casos, el descubrimiento de una nueva mutación puede explicar la enfermedad de una persona y su familia en un país y otra en otro diferente, pero poco a poco se acumula información que se puede incorporar a los paneles de diagnóstico genético para la detección temprana de la enfermedad.

Por ahora, el único tratamiento aprobado para este tipo de tumores es la cirugía. Al ser unas enfermedades tan raras es difícil plantear el desarrollo de fármacos específicos para ellas, pero los pacientes se podrían beneficiar de la reutilización de medicamentos eficaces para otras enfermedades. “Queremos desarrollar tecnologías que se puedan aplicar con facilidad en los hospitales y lo antes posible”, señala Robledo. Por otro lado, "una parte fundamental de nuestro trabajo consiste en mantener actualizados todos sus datos clínicos, para saber si el hecho de ser portador de una mutación en los nuevos genes implica también un aumento del riesgo a desarrollar otros tumores”, añade.

Pese a sus años de peregrinaje en busca de una explicación del mal que sufría su hijo, Pilar se considera afortunada, por haber encontrado al equipo de Robledo y Cascón y porque, aunque todos sus hijos y su marido tienen la mutación amenazante, todos siguen sanos y con vida. Algunas historias no son tan felices y hay familias menguadas por estos tumores extraños. Los científicos trabajan para que, aunque sea muy lentamente, lo sean cada vez menos.

EN BUSCA DEL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD

La mitad de estos tumores están causados por mutaciones en genes que participan en el ciclo de Krebs, esencial en la respiración de las células y en cómo obtienen energía. Con ese conocimiento, un equipo del CNIO ha secuenciado todos los genes involucrados en este ciclo en busca de causantes desconocidos de estos tipos de cáncer. El equipo acaba de publicar en la revista American Journal of Human Genetics el hallazgo de que el gen DLST afecta al desarrollo de esta enfermedad cuando está mutado. El gen ya está incluido en el panel de diagnóstico genético para la detección temprana de la enfermedad.

 

 

Fuente: EP

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