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La dolencia invisible que afecta a uno de cada tres adultos

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Un hepatólogo explora a un paciente en Vall d'Hebron VALL D'HEBRON

Los expertos alertan del infradiagnóstico de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, que puede causar cirrosis y cáncer hepático

JESSICA MOUZO QUINTÁNS

Barcelona/ Suele pasar desapercibida en la mayoría de los casos. Es asintomática. Invisible y silenciosa a ojos del afectado y también del médico si no se busca a conciencia. Cuando empieza a mostrar su cara, ya está avanzada y no viene sola: la acompaña, en el mejor de los casos, una cirrosis incipiente. Se trata de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, una dolencia relacionada con la obesidad y los hábitos de vida sedentarios y que afecta a uno de cada tres adultos, según las estimaciones que manejan los expertos. Este martes se ha celebrado, por primera vez, su día internacional, con la intención de “darla a conocer y desestigmatizarla”, apunta el doctor Salvador Augustin, hepatólogo del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

La enfermedad del hígado grado no alcohólico (NASH en sus siglas en inglés) está vinculada a la acumulación excesiva de grasa en el hígado por causas ajenas al alcohol. "De cada 10 hígados grasos que diagnosticamos, solo uno o dos son a causa del alcohol; el resto, no", aclara el médico de Vall d'Hebron. Se desconoce el origen exacto del NASH, pero si algo tienen claro los expertos es que los factores clave que predisponen a esta enfermedad son la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión, el colesterol alto y otros trastornos relacionados con hábitos sedentarios. “Se inició un terremoto en los ochenta que era la obesidad y ha generado un tsunami que ahora vemos los hepatólogos: la prevalencia del hígado graso no alcohólico está en aumento”, avisa Augustin. Tres de cada cuatro personas pueden permanecer asintomáticas toda la vida, pero el 25% de los pacientes con NASH desarrollará una cirrosis o un cáncer hepático, según los cálculos que manejan los expertos. “En el Reino Unido ya es el primer responsable del cáncer hepático y en Estados Unidos, la primera causa de trasplante de hígado”, agrega el hepatólogo de Vall d’Hebron.

La acumulación excesiva de grasa en el hígado impide al órgano almacenarla y metabolizarla de forma adecuada. Las células del hígado “empiezan a sufrir”, explica Augustin, y acaban muriendo, lo que produce una inflamación y daños en el órgano. Para combatir esas lesiones, el propio hígado genera mecanismos de cicatrización (fibrosis), pero ese tejido cicatrizado no puede hacer las mismas funciones que un órgano sano —es el encargado de limpiar la sangre y generar proteínas y nutrientes vitales—. El hígado empieza a fallar y puede poner en riesgo la vida del paciente.

Los médicos alertan del infradiagnóstico que hay en torno al NASH. "La punta del iceberg" de una epidemia, advierten. “Por cada paciente que diagnosticamos, hay tres que desconocemos”, apunta el médico de Vall d’Hebron. La detección es compleja porque la enfermedad es silenciosa y no se deja ver. Las transaminasas altas en un análisis de rutina pueden hacer sospechar al médico, pues estas enzimas se almacenan especialmente en el hígado y si están elevadas puede ser un indicador de daño hepático. Sin embargo, la mejor arma para confirmar una sospecha de NASH es el fibroscan, un procedimiento no invasivo que analiza la presencia de grasa en el hígado y el nivel de fibrosis. Vall d’Hebron participa un estudio para probar el cribado en población general con el fibroscan y afinar la prevalencia de la enfermedad. “Creemos que el 35% de la población general tiene hígado graso no alcohólico y, de ellos, el 25% tiene una fibrosis importante con una cirrosis o una precirrosis. En la población diabética, entre el 10% y el 15% tiene hígado graso no alcohólico con estado precirrótico o cirrosis”, avisa el hepatólogo. El 1% de las cirrosis asociadas al NASH pueden derivar en un cáncer hepático.

Augustin advierte de los graves problemas de salud que puede generar esta enfermedad, pero asegura que es “prevenible”. “Si un paciente obeso pierde el 10% de su peso, se mejora mucho. El problema es que solo un 10% de los pacientes consigue perder ese 10% de peso”, apunta. Con todo, agrega, la prevención y los hábitos de vida saludables son, de lejos, la mejor medicina.

LA IMPORTANCIA DE LA MICROBIOTA INTESTINAL

El grupo que dirige Augustin de Enfermedades Digestivas y Hepáticas en el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) ha probado también la importancia de microbiota intestinal —el ejército de microorganismos que puebla el intestino— para combatir el daño hepático. En concreto, los investigadores han constatado que el trasplante de heces —las heces contienen el microbioma— de un organismo sano corrige la hipertensión portal, un problema derivado del endurecimiento del hígado a causa de las cicatrices y que provoca que la sangre no circule correctamente por la vena porta.

Los científicos realizaron un trasplante fecal de ratas sanas a ratones con hígado graso no alcohólico y lograron que desapareciese la hipertensión portal. “Es una prueba de concepto de que la microbiota tiene un efecto importante en este campo”, apunta Augustin, que ha publicado el estudio en la revista científica Hepatology.

 

Fuente: EP

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Leer en pantalla aumenta el 90% de los problemas relacionados con la vista

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Un hombre lee a oscuras con su smartphone en la cama. GETTY IMAGES

Síntomas como la sequedad ocular, la visión borrosa o la irritación se agudizan si la lectura se hace a oscuras, según una investigación de la Universidad Complutense de Madrid

IRENE MOLLÁ

Dedicar más de veinte minutos a leer contenidos a través de dispositivos tecnológicos potencia nueve de los diez problemas visuales más frecuentes, según un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Síntomas como la visión borrosa, la irritación o la sequedad ocular aumentan, además, si la lectura se hace a oscuras, debido a que "los ojos tienden a adaptarse a un ambiente de iluminación más bajo", explica Beatriz Antona, optometrista e investigadora principal del estudio. La razón es que estos órganos "están más sensibles a la luz de la pantalla y se deslumbran con mayor facilidad", añade.

El sistema visual es capaz de adaptar su sensibilidad a bajos niveles de iluminación, alcanzando el nivel más alto transcurridos los primeros 20 minutos, según Antona. Cuando se lee a oscuras en una pantalla, "se produce una rivalidad entre su nivel de luz y el estado de adaptación a la oscuridad de los ojos", comenta la investigadora: "y esto hace que la lectura sea muy incómoda y venga acompañada de molestos síntomas".

Entre ellos se encuentra la dificultad de enfoque, la fatiga visual, la incomodidad ocular, la sensibilidad a la luz o el dolor de cabeza. Este último, según el estudio, es el único síntoma que no crece significativamente en el formato digital. Sin embargo, tras una lectura prolongada en la oscuridad, "también se espera que la cefalea pueda ser más alta", recalca la optometrista.

Los síntomas de personas con problemas de visión tienden a ser más intensos, especialmente, cuando no se compensan con métodos como las gafas o las lentillas. Esta sensibilidad crece aún más cuando el usuario lee concentrado, "porque disminuye la cantidad y calidad del parpadeo, es decir, el ojo no se cierra del todo", asegura Antona. El estilo de lectura también condiciona la salud visual. Leer “párrafo a párrafo” los textos, desplazando paulatinamente la pantalla, es menos agresivo que terminar una página entera y, entonces, pasar a la siguiente, porque, en este caso, “los ojos tienen que hacer una labor de localización y reenfoque enorme para no perderse”, según la responsable del estudio.

Un problema adicional es que los usuarios suelen tener la regulación de luz de la pantalla en “modo automático”, según la investigación. Beatriz Antona aconseja reducir manualmente la intensidad de la luz, “porque este parámetro suele estar ajustado a condiciones diurnas y, aun en su nivel más bajo, es demasiado alto en ambientes oscuros”. Seleccionar la opción “modo lectura”, que incorporan algunos móviles y ordenadores, puede ayudar a reducir los reflejos que afectan a la comodidad visual. Lo más saludable para los órganos de la vista es, no obstante, leer en soporte de papel. De hecho, la investigación de la UCM destaca que, bajo las mismas condiciones de iluminación, distancia respecto al texto, tamaño de letra y ángulo de inclinación, entre otros factores, “la lectura prolongada en pantallas puede causar más problemas visuales que la que se hace en papel”.

Esta afirmación no pretende limitar la lectura en dispositivos tecnológicos, recalca Beatriz Antona. La investigadora asegura estar a favor del uso de estos aparatos, “pero hay que intentar utilizarlos en las mejores condiciones posibles”. Entre ellas, destaca sobre todo la correcta iluminación ambiental y un brillo de pantalla no demasiado alto, así como “realizar los descansos adecuados, adoptar una posición y ángulo de inclinación correctos y asistir a revisiones oculares puntualmente”. Con estas condiciones y con una buena salud visual, la investigadora afirma que el sistema visual podrá responder mucho mejor a las demandas tecnológicas “sin sufrir los molestos síntomas más frecuentes”.

 

Fuente: EP

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La infección del corazón que empieza en el dentista

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Una paciente se somete a una operación odontológica en una foto de archivo tomada en 2017. FRED TANNEAU/AFP/GETTY IMAGES

Más de un millón de españoles deberían tomar antibiótico antes de ir al odontólogo para prevenir una infección cardiaca, según el mayor estudio sobre endocarditis infecciosa

NUÑO DOMÍNGUEZ

Desde hace décadas se sabe que algunas personas pueden contraer una infección del corazón tras una visita al dentista, pero los cardiólogos no se ponen de acuerdo en cómo atajar el problema. La endocarditis infecciosa es una dolencia rara cuyo origen puede estar en la entrada de bacterias bucales en el flujo sanguíneo y que es mortal en el 30% de los casos.

Hasta ahora las recomendaciones médicas son que solo los pacientes de alto riesgo, como los que llevan válvulas cardíacas prostéticas, tomen antibióticos antes de acudir al odontólogo para reducir el riesgo de infección. Ahora, el mayor estudio de pacientes con esta enfermedad que se ha realizado en España recomienda extender la práctica a más de un millón de personas que sufren las dos malformaciones cardiacas congénitas más comunes.

En torno al 3% de la población presenta uno de esos dos defectos, el prolapso valvular mitral y la válvula aórtica bicúspide. Estas malformaciones se producen durante el desarrollo embrionario y normalmente no acarrean complicaciones graves. En cambio sí pueden empeorar los casos de infección cardiaca, según el nuevo estudio, realizado por el Grupo de Apoyo al Manejo de la Endocarditis Infecciosa en España (Games) en 31 hospitales del país con datos de 3.200 pacientes.

“En la válvula aórtica bicúspide, en vez de haber tres compuertas o válvulas solo hay dos, por lo que su cierre es anómalo y hay más posibilidades de que las bacterias puedan pegarse a ellas”, explica Pablo García-Pavía, cardiólogo del Hospital Puerta de Hierro Majadahonda de Madrid y coautor del estudio. “En el prolapso valvular mitral, hay una sola válvula que es algo más grande de lo que debería, lo que hace que el flujo sanguíneo sea más turbulento y que si entran bacterias haya más riesgo de que se adhieran”, explica.

Es el estudio más grande realizado nunca sobre endocarditis en pacientes con estas anomalías

El estudio ha comparado la evolución de pacientes que sufren estas dos malformaciones congénitas con la de pacientes de alto riesgo que debían tomar antibióticos antes de ir al dentista y un tercer grupo de riesgo medio y bajo que no debían hacerlo. El trabajo muestra que los pacientes con las dos malformaciones sufren más infecciones originadas por bacterias bucales que los otros dos grupos. Además presentan casos de mayor gravedad incluso a edades jóvenes, es decir, casos más parecidos a los pacientes de riesgo alto.

“En los últimos años se ha observado un aumento de casos de endocarditis en Reino Unido, Holanda, Alemania y EE UU, aunque la interpretación de los datos es controvertida pues en cada país se sigue una metodología algo diferente. El estudio actual es el más grande realizado nunca sobre endocarditis en pacientes con estas anomalías y presenta datos indirectos que apoyan el uso de antibióticos en los pacientes con estas dos malformaciones”, explica García-Pavía. Su equipo, en el que también está la cardióloga Isabel Zegrí, aboga por que se cambien las recomendaciones de la Sociedad Europea de Cardiología y su homóloga estadounidense. "En nuestro hospital ya recomendamos que las personas con estos dos trastornos, que se detectan con una ecografía, tomen una sola dosis de amoxicilina antes de ir al dentista. Con una sola dosis no hay riesgo de fomentar la aparición de bacterias resistentes, según un estudio reciente", añade.

“Es un trabajo excelente en un tema muy controvertido”, opina Pilar Tornos, miembro del equipo de médicos que redactó en 2015 las últimas directrices de la Sociedad Europea de Cardiología sobre este tipo de infecciones. “La recomendación de la sociedad europea y la de EE UU es que solo los pacientes de alto riesgo tomen antibióticos. Pensamos que lo más importante es una prevención global, lo que supone sobre todo un buen manejo de vías y sondas en hospitales y que los pacientes mantengan una buena higiene bucal, vayan al dentista con regularidad, y tengan cuidado al hacerse tatuajes. En Reino Unido las recomendaciones son que ningún grupo de pacientes tome antibióticos y en realidad la incidencia de endocarditis de origen bucal no ha aumentado en ese país. En cualquier caso, la polémica no se ha cerrado y este estudio será analizado de cara a nuevas guías”, explica la médica.

Las dudas persisten por lo difícil que es encontrar una relación causa-efecto entre el consumo de antibióticos y las infecciones cardiacas. Por ejemplo, en el estudio no consta cuántos de los pacientes con endocarditis habían tomado antibióticos antes de acudir al dentista, y también hay que tener en cuenta que las bacterias pueden entrar en el flujo sanguíneo al cepillarse los dientes, comer un bocadillo o incluso masticando chicle, resalta Juan José Gómez-Doblas, cardiólogo del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga y miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). “Lo que sí está más claro es que los pacientes con estas malformaciones no deben ser considerados de riesgo bajo. Si hay más estudios en esta línea, las recomendaciones podrían cambiar”, añade.

 

Fuente: EP

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¿Por qué no engorda la fruta, si tiene azúcar?

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Un puesto de frutas.

Para los nutricionistas es frustrante explicar que estos alimentos no provocan sobrepeso

JULIO BASULTO MARSET

Para un nutricionista, tener que defender que la fruta es saludable es tan frustrante como podría serlo para un peluquero tener que argumentar que es mejor cortar el pelo con unas tijeras que hacerlo a mordiscos. Pero tiene que hacerlo una y otra vez (el nutricionista, no el peluquero). Un sinfín de gente cree que es desaconsejable consumir fruta por la noche, después de una comida principal, si se padece diabetes, si se mezcla con otra fruta o si superamos las tres raciones diarias. En un cuestionario publicado en 2014, el 60 por ciento de los voluntarios encuestados consideró, erróneamente, que la campaña “Cinco al día” hacía referencia a un límite máximo (es decir, a una cifra a no superar) cuando el número cinco alude al mínimo de raciones de frutas y hortalizas a consumir cada día.

También es frustrante descubrir que muchas de esas personas que miran con temeroso recelo a la fruta no tienen ningún reparo en fumar, en ser sedentarias, en beber alcohol a diario o en consumir (también a diario) bollería, aperitivos salados, helados, “refrescos”, granizados o postres lácteos azucarados. De hecho, buena parte de la labor de los nutricionistas consiste en intentar que la población deje de comer mal.

Por supuesto, existen patologías, como la enfermedad renal o la hipersensibilidad alimentaria, en las que puede ser preciso limitar o evitar algunos tipos de fruta. Pero tales casos son la excepción, no la norma. No olvidemos que las enfermedades en las que la fruta puede estar contraindicada deben estar bien diagnosticadas por un profesional sanitario acreditado, o sea, no “autodiagnosticadas” o diagnosticadas por un “terapeuta alternativo”.

Azúcares intrínsecos frente a azúcares libres

¿De dónde proviene el miedo irracional que tanta gente tiene a la fruta? De múltiples factores, dentro de los que debemos incluir la confusión generada por intereses económicos, que en muchas ocasiones recorren caminos opuestos a la salud pública. Parafraseando al periodista Antonio Ortí: “A río revuelto, ganancia de la agroindustria”. Pero también proviene de los muchos profesionales sanitarios (en ocasiones incluso nutricionistas) que piensan que opinión y ciencia son sinónimas.

Los azúcares presentes de forma natural en frutas y hortalizas no suponen riesgo para la salud porque no son azúcares libres (cuya ingesta es preciso limitar) sino azúcares intrínsecos

Para hablar de la ciencia de los azúcares es imprescindible recurrir al documento “Directriz sobre la ingesta de azúcares para adultos y niños”, que publicó en el año 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS). En él queda claro que la OMS diferencia de forma clara dos tipos de azúcares, los intrínsecos (que son los que encontramos de forma natural en frutas y verduras sin modificar) y los libres. Son estos últimos los que se relacionan con un mayor riesgo de sufrir caries y enfermedades crónicas, y por eso aconseja que no superemos un 10% de nuestra ingesta calórica (idealmente un 5%) a partir de ellos. Sin embargo, la OMS deja bien claro que sus recomendaciones no se aplican a los azúcares intrínsecos. Así, en el documento leemos lo siguiente: “Como no hay pruebas de que el consumo de azúcares intrínsecos tenga efectos adversos para la salud, las recomendaciones de la directriz no se aplican al consumo de los azúcares intrínsecos presentes en las frutas y las verduras enteras frescas”. Dicho de otro modo, los azúcares presentes de forma natural en frutas y hortalizas sin modificar no suponen un riesgo para la salud porque no se consideran azúcares libres (cuya ingesta es preciso limitar) sino azúcares intrínsecos, que ninguna entidad seria de nutrición desaconseja.

¿Qué son, entonces, los “azúcares libres”? Son los monosacáridos o disacáridos añadidos a alimentos o bebidas por la industria alimentaria, por quien cocina un alimento o por quien lo consume (ej.: el azúcar de mesa, cuyo valor nutricional es cero)….y también los azúcares presentes de forma natural en la miel, en los jarabes o en los zumos de fruta, aunque sean caseros, tal y como amplió el texto “El zumo de fruta no es “fruta”, ni siquiera si es casero”. Es preciso limitar el consumo de zumos debido a su relación con diferentes dolencias, tales como problemas dentales, obesidad o enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2. De ahí que el biólogo y nutricionista Juan Revenga insista en que “un zumo NO equivale a una de las 5 raciones de frutas y verduras”.

Y ya que hablamos de nutricionistas, es imprescindible citar a dos profesionales que han resumido todo lo anterior de forma gráfica en sus respectivas cuentas de Twitter: Beatriz Pérez y Teresa Hernáez.

¿De verdad no engorda el azúcar de la fruta fresca?

Como siempre hay quien considera poco fiable la opinión de la Organización Mundial de la Salud (no es mi caso), vale la pena detallar que diversas investigaciones apuntan que consumir habitualmente fruta no solo no causa obesidad sino que es útil para prevenirla o incluso, posiblemente, tratarla. En el denominado “Consenso español de obesidad” (Consenso FESNAD-SEEDO), publicado en 2012, leemos que “el consumo alto de fruta y hortalizas está asociado a un menor incremento de peso en adultos a largo plazo (nivel de evidencia 2+)”. En octubre de 2015, una revisión sistemática con metaanálisis, publicada por Lukas Schwingshackl y sus colaboradores en la revista PLoS One, constataba que el aumento en el consumo de fruta se relaciona con una disminución en el peso y en el perímetro de la cintura, algo que, según leemos en el estudio “apoya las iniciativas que persiguen aumentar la ingesta de frutas y hortalizas”.

Es bastante probable que la protección de la fruta ante la obesidad, o ante otras patologías crónicas, se deba a que desplaza el consumo de productos malsanos

También en octubre, pero de 2016, Satya P. Sharma y sus colaboradores mostraban (en este caso en la revista Nutrients), que los estudios disponibles “apoyan la inclusión de mayores cantidades de fruta en nuestra ingesta diaria de alimentos para reducir el peso”. Como era de esperar, desaconsejan el consumo de zumos de fruta, sobre todo en niños.

Uno de los trabajos más recientes sobre esta cuestión es el estudio prospectivo publicado en abril de 2018 por S. Yuan y colaboradores en la revista Public Health. Un mayor consumo de frutas y hortalizas se relacionó con un menor riesgo de padecer obesidad. Esta constatación se mantuvo tras ajustar por posibles factores de confusión tales como edad, peso al inicio del estudio, nivel de educación, provincia de residencia, ingesta energética, actividad física, tabaquismo, consumo de alcohol o ingesta de bebidas azucaradas. Tras un seguimiento de 4,6 años, cada aumento de 100 gramos en el consumo de frutas y hortalizas se relacionó en este estudio con una disminución de 211 gramos de peso corporal en hombres y de 140 gramos en mujeres. No son cifras importantes, pero sí nos muestran que no debemos tener miedo a añadir más frutas y hortalizas a nuestros menús.

¿Por qué no engorda la fruta fresca?

En la revisión de Satya P. Sharma encontramos una figura muy clarificadora (que puede consultarse aquí) en la que se resumen los mecanismos que podrían explicar por qué la fruta ejerce un efecto, en sus palabras, “antiobesidad”:

Disminución de la ingesta energética total, por su baja densidad calórica.

Efecto saciante prolongado (más información en este recomendable texto del pediatra Carlos Casabona).

Micronutrientes presentes en la fruta.

Fitoquímicos.

Modulación en la ecología intestinal.

Mecanismos por descubrir.

Este último punto no es de poca importancia. Los autores señalan, con buen criterio, que no existen estudios robustos que nos permitan concluir por qué la fruta entera se asocia con un menor riesgo de obesidad. Por esa razón me atrevo a sugerir algo que apuntamos el Dr. Juanjo Cáceres y yo en el libro Más vegetales, menos animales: es bastante probable que la protección de la fruta ante la obesidad, o ante otras patologías crónicas, se deba a que desplaza el consumo de productos malsanos, cada vez más presentes en nuestras despensas. Es decir, no es que la fruta adelgace, es que los alimentos ultraprocesados (sobre todo las bebidas azucaradas) engordan. Y si consumimos altas cantidades de frutas, hortalizas, legumbres o frutos secos, por lógica estaremos consumiendo menos cantidades de alimentos insalubres.

En suma, salvo en unas pocas patologías, como la hipersensibilidad alimentaria o la enfermedad renal, entre otras (que deben ser correctamente diagnosticadas y tratadas por un buen profesional sanitario) el mensaje unánime que debería recibir la población con respecto a la fruta entera es: intente consumir, como mínimo, tres raciones al día.

Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) es un Dietista-Nutricionista que intenta convencer al mundo de que comer mal no se compensa con una zanahoria. También imparte conferencias, ejerce como docente en varias instituciones académicas, colabora con diferentes medios de comunicación y es autor de numerosas publicaciones científicas y divulgativas (www.juliobasulto.com).

 

Fuente: EP

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Un compuesto extraído de un cardo frena la metástasis cerebral

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Manuel Valiente y Neibla Priego, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. VICTOR SAINZ

Una terapia experimental cuadruplica la supervivencia media de 18 pacientes con cáncer de pulmón

MANUEL ANSEDE

No existe una medicina natural y otra química. Existe una medicina que funciona y el resto son pseudoterapias sin validez científica. La aspirina, por ejemplo, tiene su origen en el extracto de corteza de sauce. La morfina, un potente analgésico, procede de la amapola del opio. Y uno de los fármacos contra el cáncer más utilizados del mundo, el paclitaxel, está inspirado en una molécula de la corteza de tejo del Pacífico, un árbol de unos 12 metros típico de Norteamérica. El paclitaxel ha derrotado a millones de tumores de mama, ovarios y pulmón.

Un grupo internacional de científicos pone hoy sobre la mesa otra sustancia de origen natural, candidata a ser incorporada a la medicina que funciona: la silibinina, un compuesto presente en las semillas del cardo mariano. El equipo, dirigido por el veterinario Manuel Valiente, ha suministrado pastillas con este extracto de cardo a 18 pacientes desahuciados, con carcinoma de pulmón y metástasis cerebrales, en combinación con el tratamiento estándar de quimioterapia. La supervivencia media de estos enfermos, 15 meses y medio, cuadruplicó la de los pacientes que no tomaron estas píldoras. Y en tres casos las metástasis cerebrales desaparecieron hasta ser indetectables.

“Entre un 10% y un 30% de los pacientes con cáncer desarrollan una metástasis cerebral. Y el tratamiento ahora es muy pobre”, lamenta Manuel Valiente

Los resultados, aunque todavía muy preliminares y por confirmar, mueven al optimismo. “Entre un 10% y un 30% de los pacientes con cáncer desarrollan una metástasis cerebral. Y el tratamiento ahora es muy pobre”, lamenta Valiente, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid. Las metástasis cerebrales afectan a 200.000 personas al año solo en EE UU. Y el pronóstico suele ser malo o muy malo.

El médico Joaquim Bosch —del Instituto Catalán de Oncología, en Girona— lleva un lustro estudiando la posible actividad antitumoral de la silibinina del cardo mariano. Bosch recuerda el caso de una paciente de 39 años con cáncer de mama y metástasis en hueso e hígado, que llegó a su consulta en 2014. La mujer no respondía a la quimioterapia —con el paclitaxel del tejo del Pacífico— y los médicos le daban apenas un mes de vida. Dados sus problemas en el hígado, Bosch le indicó Legasil, un complemento alimenticio a base de cardo mariano, comercializado como protector hepático. Inesperadamente, la paciente reaccionó y sobrevivió 20 meses. “Vimos efectos muy potentes”, rememora Bosch, que en 2016 anunció otros dos casos esperanzadores.

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Una planta de cardo mariano. G. TOONE / IWNHAS

El nuevo estudio, publicado hoy en la revista Nature Medicine, explica los mecanismos de estos efectos extraordinarios. El cáncer de pulmón es el tumor que con mayor frecuencia genera una metástasis cerebral. Las células cancerígenas se multiplican sin control y algunas escapan del tumor original, llegando al cerebro a través del torrente sanguíneo. Allí, normalmente, son aniquiladas por las defensas del organismo, pero en ocasiones logran zafarse y siguen multiplicándose en el interior del cráneo.

"De la naturaleza pueden salir grandes medicamentos, pero es necesaria la ciencia para aislar las sustancias terapéuticas", sostiene el oncólogo Joaquim Bosch

Una vez asentadas en el cerebro, las células tumorales actúan sobre su entorno. Las intrusas segregan sustancias que activan el gen STAT3 en los astrocitos, unas células en forma de estrella que en condiciones normales ayudan a que las neuronas se mantengan sanas. Con el STAT3 activado, los astrocitos vecinos favorecen el crecimiento del cáncer y forman una barrera que impide la llegada de defensas antitumorales. La silibinina del cardo mariano llega al cerebro, inhibe STAT3 y rompe este proceso, frenando total o parcialmente la metástasis. Es la primera terapia experimental dirigida contra la metástasis cerebral que ataca el vecindario del tumor, según destaca Neibla Priego, farmacóloga del CNIO y coautora del trabajo.

“De la naturaleza pueden salir grandes medicamentos, pero es necesaria la ciencia para aislar las sustancias terapéuticas. No te vas a comer un sauce entero para obtener el equivalente a una aspirina”, expone el oncólogo Joaquim Bosch. Los autores de la investigación buscan ahora financiación, unos 700.000 euros, para llevar a cabo un ensayo clínico más amplio, con medio centenar de pacientes. Las farmacéuticas a las que han llamado a la puerta han rechazado participar, “quizá por temor a no recuperar la inversión”, según Bosch. El tratamiento con Legasil que han empleado esta vez cuesta unos 100 euros al mes, frente a los miles de euros habituales en los fármacos oncológicos.

Bosch es un activo luchador contra los “charlatanes” que se aprovechan de sus investigaciones para defender pseudoterapias. El oncólogo pone el ejemplo de Josep Pàmies, un curandero vigilado por el Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias de la Organización Médica Colegial. “Pàmies vende semillas de cardo mariano, pero nuestro cuerpo apenas absorbe la silibinina de las semillas, por muchas que te tomes. Esto es engañar a la gente”, zanja Bosch.

 

Fuente: EP

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