universal encabezado 2

AHORA

Dos fármacos transforman células cancerosas en grasa para frenar la metástasis

1547480702 889920 1547481222 noticia normal recorte1

Una célula de cáncer de mama vista con microscopio electrónico. GETTY

Investigadores suizos demuestran en ratones una estrategia que impide que los tumores de mama se expandan a otros órganos

NUÑO DOMÍNGUEZ

El cáncer es un reverso oscuro de la vida. Una célula tumoral no es más que una célula sana en la que ha cambiado la programación genética, lo que le permite reproducirse más rápido, generar un tumor primario, moverse por el organismo y generar tumores secundarios, la metástasis que causa el 90% de las muertes por cáncer. Para todo esto, la enfermedad usa mecanismos biológicos idénticos a los que permiten crecer a un ser vivo sano.

Esta plasticidad puede ser también un punto débil, tal como demuestra un estudio publicado este lunes. El trabajo es una prueba de concepto, la demostración aún preliminar de que se puede dar marcha atrás al proceso de evolución del cáncer.

El estudio ha demostrado que la combinación de dos fármacos —el antitumoral Trametinib y el antidiabético Rosiglitazone— transforma las células del cáncer de mama en grasa inofensiva en ratones a los que se les había injertado tumores de mama con metástasis de pacientes. En el trabajo se han usado tumores triple negativo, la clase más agresiva de cáncer de mama y que no responde a tratamientos basados en receptores hormonales.

La clave del estudio ha sido atacar al cáncer en un momento en el que las células del tumor realizan la llamada transición epitelial-mesenquimal. Esta metamorfosis es fundamental para el desarrollo de un embrión y la formación de los diferentes órganos y tejidos de un cuerpo sano. También juega un papel en la proliferación tumoral, pues ayuda a que células tumorales epiteliales que están fijadas a un tejido se transformen en mesenquimales, lo que les permite despegarse y moverse por el flujo sanguíneo. Dentro de los tumores de mama, son estas células las encargadas de diseminar el cáncer a otros órganos.

Las células de grasa no pueden multiplicarse, por lo que tras la transformación el tumor no puede crecer

DANA RONEN, UNIVERSIDAD DE BASILEA

El estudio, publicado en Cancer Cell, muestra cómo la combinación de los dos fármacos frena la proliferación del tumor de mama original y también la metástasis. Según el trabajo, esto se debe a que los fármacos interfieren en la transición transformando células cancerosas en adipocitos (grasa).

“Por definición, las células de grasa no pueden multiplicarse para generar hijas, por lo que tras la transformación el tumor no puede crecer, es como un callejón sin salida”, explica Dana Ronen, investigadora de la Universidad de Basilea y coautora del estudio. “La transformación en grasa solo afecta a las células más externas del tumor, que son las responsables de moverse y causar metástasis, por lo que no debería tener un efecto negativo en la salud ni hemos observado cambios en el peso de los animales. El resto de células del tumor primario se vuelven más diferenciadas, con lo que posiblemente se vuelvan más vulnerables a otros tratamientos como la terapia hormonal”, resalta. Ahora, el equipo quiere estudiar si esta misma estrategia funciona con otros tumores y si también puede ayudar a animales que ya han generado metástasis.

“Se trata de resultados muy preliminares, pero son importantes porque representan una nueva vía terapéutica novedosa”, opina Miguel Ángel Quintela, director de la unidad de cáncer de mama del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). “Lo lógico es seguir investigando. Hay una buena base para llevarlo a humanos porque solo hacen falta dos fármacos ya aprobados para otros usos, ambos con baja toxicidad”, resalta Quintela.

“Uno de los fármacos que hemos empleado, Trametinib, es muy caro, por lo que esperamos que este trabajo despierte el interés de alguna de las compañías farmacéuticas que lo fabrican para que puedan financiar su estudio en este tipo de combinación”, añade Ronen.

 

Fuente: EP

0
0
0
s2smodern

¿Por qué no cambiamos de opinión aunque nos demuestren que estamos equivocados?

1516965692 948158 1517133466 noticia fotograma

Los datos contrastados convencen menos que los mensajes emocionales. Diversos estudios revelan las limitaciones de la razón

JAVIER SALAS

La primera impresión es la que cuenta. Cuando nuestro cerebro recibe por primera vez información sobre un asunto —“ese de ahí es Juan, es un vago”— deja grabada una silueta que provoca que todo lo que sepamos desde entonces en ese ámbito tenga que encajar en ella. Los humanos vivimos en un relato, necesitamos que las piezas encajen, y por eso nos costará tanto asumir en el futuro que Juan es un currante. “Es como una mancha”, explica la psicóloga Dolores Albarracín, “es mucho más fácil ponerla que eliminarla después”. Si esa mancha forma parte de nuestra visión del mundo, nuestra escala de valores será casi imposible limpiarla, porque sería como replantear nuestra identidad. Por eso nos cuesta horrores cambiar de opinión: los hechos deben encajar en la silueta o ni siquiera los tendremos en cuenta.

Cada vez más estudios muestran las limitaciones de la razón humana. En ocasiones se ignoran los hechos porque no se adaptan a lo que pensamos. La verdad no siempre importa. Hace justo un año, se realizó una prueba muy sencillita. ¿En cuál de estas fotos ve usted a más gente? En la foto A, de la toma de posesión de Donald Trump, se veía a mucha menos gente que en la foto B, de la inauguración de Barack Obama, llena hasta la bandera. El 15% de los votantes de Trump dijo que había más gente en la foto A, un error manifiesto. ¿Tienen un problema de visión, alguna carencia cognitiva, para llevarle la contraria a un hecho tan evidente? Es más sencillo: a veces, cuando discutimos sobre hechos, en realidad no estamos discutiendo sobre los hechos. Ese 15% sabe que dar la respuesta B es reconocer que Trump es un mentiroso y, por tanto, admitir que han votado a un mentiroso. Es decir, si se trata de un enamorado del presidente de EE UU, estamos pidiendo que ponga en tela de juicio su propia identidad.

“Lo más probable es que las personas lleguen a las conclusiones a las que quieren llegar”, dejó escrito la psicóloga social Ziva Kunda al desarrollar la teoría del pensamiento motivado. La idea es sencilla: para defender nuestra visión del mundo, nuestro relato, vamos razonando inconscientemente, descartando unos datos y recogiendo otros, en la dirección que nos conviene hasta llegar a la conclusión que nos interesaba inicialmente. Visto así, parece una flaqueza, un fallo de diseño en el raciocinio. Pero tendría una explicación muy plausible: es un escudo protector contra la manipulación, pues es lógico pensar que las cosas tienen que encajar con lo que ya sabemos del mundo. Si de pronto vemos una piedra elevarse hacia el cielo no dudamos de la existencia de la gravedad; pensamos que hay trampa en la piedra.

Pero hay situaciones preocupantes en las que si los ciudadanos no hacen caso de los hechos pueden poner en riesgo bienes mayores. La salud es uno de los ámbitos más peligrosos, como sucede con el pequeño colectivo que se niega a vacunar a sus hijos. ¿Cómo se puede tomar una decisión así, que pone en riesgo la salud de las criaturas propias y las del resto? “Es una opción irracional que puede ser corregida aportando toda la información necesaria”, dicen médicos, divulgadores y autoridades. Datos históricos, detalles sobre enfermedades, estadísticas consistentes…, pero no, eso no funciona. Es más, como han mostrado algunos estudios, esta forma de abordar el problema no solo no convence, sino que puede provocar un efecto bumerán, reforzando todavía más las creencias de los antivacunas. Es un efecto que el investigador Brendan Nyhan ha registrado en distintos escenarios, desde la política a la salud, y en el caso de las vacunas particularmente. Mostrar folletos con información sobre inmunización no doblega a los recelosos y a algunos los convence más todavía.

Divulgadores, fact-checkers (verificadores de datos), periodistas y políticos asumen, en general, que la gente se equivoca porque les faltan datos. Es un enfoque simplista, llamado de déficit de información, que se empeña en obviar los mecanismos conocidos de una psicología humana que, como explica Nyhan, no va a cambiar. Hay que conocer esas fisuras del cerebro humano y aprovecharlas para colarnos y ser verdaderamente persuasivos. Pero llegados a este punto, es importante preguntarse, qué es convencer ¿Lograr que una familia antivacunas reconozca que está equivocada o conseguir que ponga una, dos o todas las vacunas necesarias a sus hijos?

Los expertos afirman

que, para ser efectivos,

los hechos deben integrarse en una narrativa

Esta reflexión tenía en mente el pediatra Roi Piñeiro cuando lanzaron en el Hospital General de Villalba, un municipio de la sierra de Madrid, una consulta pionera que usaría enfoques distintos para convencer a los inconvencibles. “Se trata de conocer los motivos y rebatirlos, pero no desde la lógica sino desde los sentimientos. Mucha empatía y dejarlos hablar”, explica Piñeiro; “porque es muy difícil convencer con datos científicos, suelen ser unos expertos, pero escogiendo los que les interesa”. Piñeiro, jefe asociado del servicio de Pediatría, usó intuitivamente trucos que han mostrado su eficacia en distintos experimentos psicológicos. Ponerse de su parte, dedicarles tiempo, dejar que se expliquen, conectar emocionalmente y abordar los mitos solo cuando hay confianza. “Piensas que si te enfadas y los abroncas entenderán que es grave, pero en realidad pierdes a esa familia, no vuelven”, cuenta el pediatra. Al lanzar esta consulta abierta, recibió a 20 familias recelosas en sesiones individuales de media hora; al final, el 90% aceptó poner alguna vacuna a sus hijos y el 45% accedió a ponérselas todas.

Un experimento realizado el año pasado, sobre racismo y política, obtuvo resultados inquietantes. A un grupo de ciudadanos se les contó algunas de las mentiras habituales de Marine Le Pen sobre los inmigrantes. A otro, esto mismo, pero contrastado con los datos reales. Al tercer grupo se les contó únicamente la información veraz, sin las falsedades de Le Pen. Los “hechos alternativos” de la política francesa lograron mejorar sus opciones de voto por igual (un 7%) en el primer grupo y el segundo, mostrando que el desmentido fue inútil. Lo que es más sorprendente: sus opciones también crecieron (4,6%) entre quienes solo leyeron información real sobre inmigración. Por eso a este tipo de políticos populistas les da igual que les desmientan: han colocado el mensaje, que se hable de lo que les interesa, fijando el marco de la conversación pública: la inmigración como problema. Los investigadores consideran que no basta con el trabajo periodístico con los datos, sino que “para ser efectivo, los hechos deben integrarse en una narrativa con argumentación persuasiva” y “presentados por un político carismático”.

Esta es la paradoja de los verificadores (o fact-checkers), esos periodistas que se dedican a comprobar y desmentir las afirmaciones de los políticos: que solo funcionen con quienes no hace falta. Los primeros trabajos de Nyhan indicaban poca utilidad y que a veces eran contraproducentes, pero en un estudio reciente mostró que gracias al fact-checking se podía conseguir que algunos seguidores de Trump admitieran que sus afirmaciones eran falsas. Eso sí, no movían un milímetro su intención de voto hacia el candidato republicano. “Tienden a ignorar la información disidente. Este escenario fomenta la aparición de una caja de resonancia en torno a narrativas y creencias compartidas. En este punto, la verificación de hechos puede ser percibida como otra tesis de los rivales y por tanto ignorada”, explica Walter Quattrociocchi, especialista en cómo se disemina la desinformación.

cambiar de opinión

“Cuando se trata del bulo de un medicamento retirado o algo así, la gente te cree y lo agradece. Pero si les toca la patata, dejan de discernir entre opinión y datos. Si ya han elegido bando es más complicado sacarles del error”, resume Clara Jiménez, del equipo de Maldito Bulo (MB), un proyecto periodístico creado para combatir la desinformación. Jiménez cuenta que esas disonancias fueron notables durante el 1 de octubre en Cataluña: cada desmentido se negaba por el bando puesto en evidencia, cómo no, dudando de la objetividad de MB. Durante la campaña electoral catalana, surgió el bulo de las tarjetas censales que podrían ser usadas, según algunos independentistas, para provocar un pucherazo. Cuando lo desmentía MB, muchos cargaban contra el mensajero. Pero cuando lo desmintió Josep Costa, candidato de JxC, algunos se lo discutían, pero muchos de sus seguidores optaron por fiarse de él. “Si es tu propio círculo el que te desmiente es mucho más fácil”, explica Jiménez, que forma parte del equipo que asesora contra la desinformación a la Comisión Europea. Además, los portales de verificación de datos tienen otro problema añadido: muy pocos de sus lectores (un 13%) son consumidores de fake news, según otro estudio reciente: no estarían llegando al público que los necesita.

La gente de MB ha puesto en práctica un sistema que encaja muy bien con las recomendaciones de psicólogos expertos: el bulo es como una mancha difícil de quitar, y conviene usar mensajes sencillos y directos, información gráfica o visual, y no repetir la falsedad sino centrarse en la explicación. El mejor quitamanchas es el porqué: cuando a los miembros de un jurado se les dice “no tengan en cuenta esta prueba”, no sirve de nada. Pero serán capaces de borrar esa información si les explican que hubo una motivación sospechosa al intentar incluir la prueba viciada.

Los verificadores de datos que desmienten a los políticos solo influyen en los que ya están convencidos

El cambio climático es otro experimento natural oportuno para analizar el fenómeno. Los especialistas han probado de todo para convencer a los escépticos y no hay una varita mágica. Pero el papa Francisco nos da una clave: tras escribir una encíclica ecologista, en EE UU creció 10 puntos el porcentaje de convencidos de que el calentamiento será dañino y 13 puntos el bloque de católicos que creen que el cambio climático es real. Líder carismático y que habla desde dentro del círculo identitario. En este ámbito, hablar de catástrofes y amenazas puede ser contraproducente. Sin embargo, funcionan contenidos emocionales que hablan a la gente de cómo encaja el problema en su vida (la salud), o mensajes que indiquen que combatir el calentamiento traerá avances científicos y económicos, y que mejorará la cohesión y los valores de la comunidad.

Muchas de estas estratagemas están destinadas a escuchar al sujeto para aprovechar sus debilidades: a un empresario negacionista del cambio climático no le convencerás hablándole de la crecida de los mares, sino de oportunidades de negocios verdes. Por eso, un equipo de la Universidad de Queensland (Australia) ha acuñado el concepto de persuasión jiu jitsu, en referencia a ese arte marcial que usa contra el rival su propia fuerza. Por ejemplo, dejar que explique cómo funcionaría exactamente paso a paso su idea, para que vea sus flaquezas saliendo de su propia boca.

“Cuando se trata de temas científicos, la gente habla usando evidencias, cuando sus actitudes están motivadas por otra cosa. El divulgador tiene que resistir la tentación natural de debatir las ideas articuladas por el sujeto y en su lugar centrarse en su motivación oculta en la sombra”, explican. “Identifique la motivación subyacente, y luego adapte el mensaje para que se alinee con esa motivación”, sugieren. Por ejemplo, decirle a un votante de Trump que salvar el planeta es la única forma de mantener el estilo de vida americano.

 

Fuente: EP

0
0
0
s2smodern

Una solución sencilla al problema de la falta de sueño de los adolescentes

1542630697 114029 1542639506 noticia normal recorte1

El estudio no encontró diferencias significativas entre clases sociales. GETTY

La mitad de los jóvenes de Estados Unidos sufre problemas para dormir. Un estudio descubre que la almohada y la cama tienen más influencia de lo que se suponía

ADRIANA GALVÁN

Un sueño saludable es la base de un cerebro saludable. Este es el mensaje que lanzan los neurocientíficos. Sin embargo, padres, médicos y educadores se esfuerzan por descubrir qué hacer para mejorar el sueño. Algunos han pedido que se retrase la hora a la que empiezan los colegios o que se limite el tiempo delante de la pantalla antes de irse a la cama con el fin de lograr que mejore el rendimiento académico, la salud y hasta la economía.

A pesar de ello, según cálculos recientes, parece que alrededor de la mitad de los adolescentes de Estados Unidos sufren de falta de sueño. Estas cifras son alarmantes, ya que el sueño es especialmente importante en la adolescencia, durante la cual se producen cambios significativos en el cerebro que afectan al aprendizaje, el autocontrol y los sistemas emocionales. Además, el déficit de sueño es aún mayor entre los jóvenes económicamente desfavorecidos que entre sus coetáneos más acomodados.

Los estudios realizados en el laboratorio de neurociencias del desarrollo en el que trabajo ofrecen una solución en apariencia simple al problema. Basta con proporcionar a los adolescentes una buena almohada. Para conseguir que una cama sea cómoda no hace falta tecnología, ni costosas intervenciones, ni mucho tiempo. Por lo tanto, puede ser particularmente beneficioso para mejorar el sueño entre los jóvenes con menos recursos.

La regularidad es más importante que la cantidad

Nuestras investigaciones han demostrado que diferencias en la calidad y la duración del sueño que pueden parecer pequeñas influyen en la manera en que el cerebro procesa la información.

El sueño actúa como un pegamento que ayuda al cerebro a codificar la información recién adquirida y a convertirla en conocimiento duradero. Asimismo, aumenta la concentración en el colegio ya que ayuda a mitigar el comportamiento hiperactivo, las reacciones demasiado emocionales y la inquietud. En consecuencia, si no tuviesen faltan de sueño, los alumnos que acostumbran a ser expulsados de clase por su conducta revoltosa tendrían más posibilidades de permanecer en el aula. A su vez, más tiempo en el aula significa más aprendizaje.

En principio, mis compañeros y yo partíamos de la hipótesis de que, a la larga, el número de horas de sueño es lo más importante para un desarrollo cerebral sano. En cambio, cuando la pusimos a prueba con un estudio, descubrimos algo sorprendente. En contra de lo esperado, los adolescentes cuyo sueño a lo largo de la semana lectiva era irregular, con variaciones de dos horas y media de una noche a la siguiente, al cabo de un año presentaban un menor desarrollo de las conexiones cerebrales de la sustancia blanca que los que dormían un número de horas más regular.

Las conexiones de la sustancia blanca ayudan a procesar la información con rapidez y eficacia al poner en contacto diferentes regiones del cerebro, de manera parecida a la conexión que establece una autopista entre dos ciudades. La adolescencia es un periodo importante para pavimentar las autopistas del cerebro, y nuestro estudio indica que el sueño puede ser vital para esta construcción.

Cuanto mejor es la cama, mejor es el sueño

¿Cuáles son, entonces, los ingredientes del sueño que más contribuyen a un desarrollo sano del cerebro? Mi laboratorio diseñó un estudio para investigarlo.

Elegimos a 55 estudiantes de secundaria de entre 14 y 18 años procedentes de distintos entornos socioeconómicos de todo Los Ángeles y los equipamos con actígrafos, unos monitores parecidos a un reloj de pulsera que registran la calidad del sueño. La calidad de este es mayor cuanto menor sea el número de despertares por noche. Por despertares entendemos los momentos de la noche en los que se altera el ritmo del sueño y la persona se despierta brevemente o entra en una fase de sueño más ligero, tanto si es consciente de ello como si no. En nuestro estudio, los adolescentes tenían una media de cinco despertares por noche cuya duración iba de menos de un minuto a más de una hora.

En contra de lo esperado, los adolescentes cuyo sueño a lo largo de la semana lectiva era irregular, con variaciones de dos horas y media de una noche a la siguiente, al cabo de un año presentaban un menor desarrollo de las conexiones cerebrales de la sustancia blanca que los que dormían un número de horas más regular

Al cabo de dos semanas, los jóvenes vinieron a nuestro laboratorio para que les hiciésemos un escáner del cerebro. Lo que nos interesaba era medir las conexiones entre las vías cerebrales que intervienen en el autocontrol, las emociones y el procesamiento de la recompensa, que son las mismas que desempeñan un papel importante en la reducción de la impulsividad y el mantenimiento de la concentración en clase. Como era de esperar, los adolescentes con un sueño de mejor calidad tenían una mejor "conectividad cerebral". Es decir, las conexiones entre las regiones claves del cerebro eran más fuertes.

Pero el hallazgo más importante y sorprendente lo realizamos cuando indagamos más a fondo a fin de averiguar las causas de que algunos adolescentes tuviesen un sueño mejor que otros. Según nuestro estudio, estas no residían ni en la presencia de menos aparatos tecnológicos en el dormitorio, ni en una mayor oscuridad, ni en menos cantidad de ruido, ni en una posición socioeconómica más alta.

Los adolescentes que tenían un sueño de mejor calidad ‒relacionado con una mejor conectividad cerebral‒ eran los que se declaraban más satisfechos con su cama y su almohada. El efecto, por tanto, traspasaba las fronteras socioeconómicas. Por su parte, los participantes en nuestro estudio con una baja conectividad cerebral y un sueño de mala calidad mostraban una impulsividad mayor que los que tenían una conectividad y una calidad del sueño altas, lo cual ilustra los efectos reales de estas sobre la conducta.

¿Existe, entonces, la almohada perfecta? Vimos que no a todo el mundo le gusta lo mismo. A algunas personas una almohada plana las relaja y las hace caer en un sueño profundo. Otras solo lo logran con una bien abultada. Por otra parte, aunque nuestros descubrimientos fueron más conclusivos en lo que a comodidad de la almohada se refiere, la cama en general también era importante.

Medidas para acabar con la brecha de rendimiento

En cualquier ámbito que se pueda medir, los jóvenes que han crecido en la pobreza obtienen peores resultados. En comparación con sus compañeros de edad con más recursos económicos, su rendimiento académico y cognitivo, su bienestar psicosocial y su salud física son inferiores. Estas brechas han sido objeto de intensos debates y estudios, pero siguen extendidas y se resisten a desaparecer.

La disponibilidad y la calidad de los bienes de primera necesidad, como la alimentación, la salud, el afecto de los padres y un hogar, ayudan a explicar la discrepancia en algunos resultados entre adolescentes de altos y bajos ingresos. Sin embargo, los investigadores han concedido una atención ínfima al sueño, que constituye un bien de primera necesidad igualmente importante y puede ofrecer una solución para la brecha de rendimiento no explotada hasta ahora.

Reducir esta brecha es el objetivo de muchos programas públicos. Una manera de conseguirlo es establecer metas realistas y accesibles para las iniciativas que mejoren el funcionamiento diario. El sueño puede ser una de ellas, ya que es relativamente fácil de cuantificar y controlar; hay hábitos cotidianos que influyen en él y que se pueden cambiar, como la atención de los padres y las rutinas a la hora de irse a dormir; y está relacionado directamente con el éxito académico y social y la buena salud.

En una época al límite de la histeria por los efectos de la tecnología en el sueño y el desarrollo del cerebro, se presta poca atención a los elementos fundamentales para la calidad del sueño de los adolescentes. Asegurarse de que disponen de una buena cama puede ayudar a mejorar el sueño de todos ellos, sobre todo entre las familias más pobres. Además, es mucho más fácil convencer a los padres y a los jóvenes de que inviertan en una almohada que discutir por el permiso para utilizar el móvil.

Adriana Galván es catedrática de Psicología de la Universidad de California en Los Ángeles.

 

Fuente: EP

0
0
0
s2smodern

¿Hay que elegir entre más hidratos o más grasas para comer bien?

1542370619 043341 1542370782 noticia normal recorte1

Lo importante no es la distribución de los hidratos o las grasas sino que sean de buena calidad MAARTEN VAN DEN HEUVEL

Una revisión de investigaciones sobre nutrición busca consensos ante controversias sobre recomendaciones dietéticas

DANIEL MEDIAVILLA

En 1977, un comité del Senado de EE. UU. elaboró un informe en el que se recomendaba reducir el consumo de grasas saturadas, elevar la ingesta de hidratos de carbono y reducir la cantidad de calorías consumida. Aunque ya entonces la Asociación Médica Estadounidense advirtió de la falta de pruebas que apoyasen estas recomendaciones universales, el documento marcó la tendencia de los consejos nutricionales durante los años siguientes. En 1991, el Departamento de Salud y Servicios Humanos llegó a pedir a la industria alimentaria la introducción de nuevos productos procesados con contenidos reducidos de grasas y grasas saturadas.

El plan del Gobierno tuvo éxito convenciendo a los ciudadanos de que siguiesen sus recomendaciones, pero el porcentaje de individuos con diabetes y obesidad creció sin parar en el país llegando a provocar recientemente una reducción en la esperanza de vida inédita en EE UU desde la epidemia de gripe de 1918.

Para personas con diabetes, una dieta baja en hidratos y alta en grasas puede ser beneficiosa

El debate sobre el peso que las grasas y los hidratos deben tener en la dieta ha continuado durante décadas. Uno de sus últimos hitos ha sido la publicación en la revista The Lancet, en 2017, del estudio PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology), un trabajo en el que se preguntó a 135.335 personas de 18 países sobre sus hábitos alimenticios para agruparlos según la cantidad de carbohidratos, grasas y proteínas que consumían. Después de seguirles durante siete años, observaron que los que tomaban más grasa (el 35% de sus calorías diarias) tenían un 23% menos de probabilidades de haber muerto en el periodo del estudio que los que solo obtenían de las grasas el 10% de sus calorías diarias. Por el contrario, los que obtenían la mayor cantidad de energía de los hidratos (el 77% de las calorías diarias) tenían un 28% más de probabilidades de haber muerto que los que solo cubrian con ellos el 46% de las calorías diarias. Las conclusiones sugerían que si se quiere vivir más es probable que sea mejor incrementar el consumo de grasa y reducir el de hidratos de carbono.

Sin embargo, como sucede con muchos estudios sobre nutrición, interpretar los datos era complicado. Algunas de las críticas al trabajo sugerían que los resultados que asociaban la mortalidad con el elevado consumo de hidratos se puede deber a que en muchos de los países estudiados es la dieta que siguen los pobres y sería difícil saber si no son otros efectos de la pobreza además de los hidratos los responsables de su muerte prematura.

Para tratar de poner paz entre tanta controversia, varios investigadores entre los más prestigiosos de su campo han publicado esta semana un artículo en la revista Science en el que tratan de buscar puntos de consenso sobre qué es un consumo adecuado de grasas e hidratos. Pese a que tienen numerosas discrepancias, están de acuerdo en que lo importante, más que los porcentajes de grasas o hidratos que se consuman, es la calidad de estos nutrientes. Para la mayor parte de la gente, se podría combinar el consumo de hidratos como los cereales integrales o la fruta con las grasas sanas procedentes de frutos secos o aguacates sin tener que preocuparse por los porcentajes de cada tipo de comida. Eso sí, habría que cuidarse de los hidratos procedentes de las harinas refinadas con las que se elabora el pan o algunos tipos de pasta o de las grasas saturadas de algunos tipos de carne y de las grasas trans, las más peligrosas, incluidas en algunos alimentos procesados.

Los autores también hablan de que determinados tipos de dieta pueden ser mejores para grupos con características particulares. Para las personas con diabetes tipo 2 y resistentes a la insulina, que tienen dificultades para utilizar los carbohidratos que consumen, una dieta con mayor porcentaje de grasas puede ser beneficiosa.

En un segundo artículo publicado en Science, se exploran también los efectos beneficiosos para la salud que puede tener el ayuno y la restricción calórica en general. Aunque la mayor parte de estos trabajos se basan en modelos animales hay indicios de que puede resultar beneficioso para la salud. Miguel Ángel Martínez-González, epidemiólogo experto en nutrición de la Universidad de Navarra y autor del libro Salud a ciencia cierta (Ed. Planeta), reconoce lo difícil que es probar este tipo de dietas restrictivas en humanos a largo plazo, pero considera que “está claro que comemos en exceso”. “Tenemos que comer menos, pero nada en nuestra sociedad invita a la moderación”, señala.

Los autores del primer estudio, liderados por David Ludwig, del Boston Children’s Hospital (EE UU), reconocen también la dificultad de resolver muchas controversias sobre nutrición por la complejidad del problema y porque no se le ha dedicado un esfuerzo suficiente. “Actualmente, EE UU invierte una fracción de un céntimo en investigación en nutrición por cada dolar que se gasta en el tratamiento de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta”, afirma.

Martínez-González cree también que para mejorar los resultados de las medidas contra la obesidad y las enfermedades relacionadas será necesario lograr cierta independencia de la industria de la alimentación. “Veo una presencia continuada de la industria alimentaria, que vende productos que son insanos, en los órganos del Gobierno que deberían controlar esos productos”, afirma. “Eso hace que muchas veces las medidas de control queden aguadas y no se priorice la salud pública”, remacha. En este sentido, considera importantes estudios como Predimed Plus, que con financiación pública del Instituto de Salud Carlos III e independiente de la industria, está siguiendo a más de 7.000 participantes de toda España para analizar, por ejemplo, si una dieta muy baja en hidratos y alta en grasa puede combatir la diabetes.

Los responsables del trabajo de Science concluyen que, además de averiguar con precisión qué dietas pueden funcionar mejor en cada caso, será necesario observar si es posible que un individuo siga a largo plazo una dieta prescrita si su entorno no lo facilita. Martínez-González cree que para mejorar los resultados será necesario un movimiento en dos direcciones. Por un lado, medidas estructurales, como limitar los tamaños gigantes en los restaurantes y proporcionar agua del grifo gratis o poner impuestos a las bebidas azucaradas con un movimiento social de concienciación para que los individuos actúen con responsabilidad.

 

Fuente: EP

0
0
0
s2smodern

La prevención de la diabetes comienza en la mesa

foto8

Una dieta alta en fibra, rica en omega 3 y antioxidantes puede ayudar a combatir y prevenir la diabetes.

Una alimentación saludable es esencial para prevenir y combatir casi cualquier tipo de enfermedad, pero cuando se habla de diabetes es primordial. “La alimentación cumple con el 50 por ciento para el control de los niveles de glucosa”, explica Jocelyn Heredia, nutrióloga de Clínicas del Azúcar, una empresa social destinada al tratamiento especializado de esta enfermedad. Es parte de los componentes clave del tratamiento para el paciente con diabetes, e incluso es pieza fundamental para prevenir este tipo de padecimientos, concuerda la nutrióloga Nancy Rivera, vocera de la Asociación Mexicana de Diabetes.

Nuestra alimentación debe ser alta en fibra, rica en omega 3 y antioxidantes. La dieta debe ser variada, equilibrada, completa, adecuada, inocua y suficiente. Baja en colesterol, grasas saturadas y trans, baja en azúcares simples, harinas refinadas y sodio.

En México, comer correctamente puede ser todo un reto, pues la alimentación tiene un valor simbólico, es decir que cumple una función social, cultural y emocional para cada persona. “En nuestro país [la alimentación] tiene un significado para todo. La relacionamos con festividades como día de muertos, semana santa, navidad, por esto inclusive tiene connotaciones religiosas”, asegura Heredia, quien está certificada también como educadora en diabetes.

De acuerdo a las recomendaciones de expertos, y avalada por la Asociación Americana de la Diabetes, te presentamos una lista de alimentos que deberían ser incorporados en nuestra alimentación para mejorar el control metabólico y evitar el desarrollo de complicaciones.

Legumbres

En México son más conocidas como leguminosas. Frijoles, lentejas, garbanzos, habas, entre otras, son recomendadas porque son ricas en hierro, tienen mucho magnesio y potasio. “La recomendación es media taza al día y por cada media taza que consumamos contiene cinco gramos de fibra, lo que es aproximadamente el 20 por ciento que se recomienda de fibra en el día”, explica Jocelyn Heredia de Clínicas del Azúcar.

Hortalizas de hojas color verde oscuro

“Por su color, este tipo de verduras contienen muchos antioxidantes, vitaminas, minerales. Y sobre todo, por su contenido de fibra nos ayudan mucho a mejorar los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos”, dice Heredia, aunque señala que en general se recomienda consumir cualquier tipo de verdura.

Cítricos

Se recomienda incluir en la dieta naranjas, toronjas, mandarinas, ciruelas, limas y limones por su vitamina C y su porcentaje de fibra, pues “en los últimos treinta años múltiples estudios han demostrado que la administración de fibra dietética podría reducir los niveles de glucemia en pacientes con diabetes tipo 1 y 2”, asegura Karla Martín, nutrióloga de la Asociación Mexicana de Diabetes. Lo que hay que evitar es no tomarlos en jugo, pues al exprimirlos solo queda el concentrado de azúcar y pierden su fibra, recomiendan desde Clínicas del Azúcar.

Camote

El camote, conocido también como batata o boniato, es un súper alimento en auge porque se ha encontrado que es un carbohidrato saludable, pero tiene un índice glucémico más bajo que la papa. “Si los comparamos, como son tubérculos, la papa llega a tener un poco más de almidones y menos fibra, comparado con el camote que tiene un poco más de aporte de fibra”, señala Heredia. Aún así se recomienda incluirlo con moderación.

Bayas/frutos rojos

La nutrióloga de Clínicas del Azúcar explica que las frambuesas, fresas, arándanos, etcétera, tienen un alto contenido de antioxidantes, y es muy importante incluirlos porque “nos ayudan a prevenir la inflamación celular, lo cual está relacionado con la diabetes”.

Tomate

Es una verdura de muy fácil acceso, tiene muchas vitaminas como la C y E, hierro y mucha fibra. “Además contiene licopeno, que también son antioxidantes, por lo que tiene una estrecha relación en proteger que las células sigan envejeciendo y se sigan dañando. Además de ayudarnos a prevenir la diabetes, se utiliza también con éxito en hipotiroidismo”, dice la experta.

Pescado con un alto contenido de ácidos grasos omega 3

“Se recomienda incluirlos ya que el omega 3 son grasas saludables que nos ayudan a prevenir la inflamación celular y a proteger nuestro corazón. El único inconveniente es que son de difícil acceso por el costo, si no se tienen los medios económicos se recomienda incluir un suplemento con omega 3”, señala.

Granos enteros

En general, son recomendados todos los alimentos que contengan más fibra como los integrales. “La avena es muy buena, también nos ayuda a proteger el corazón, tiene mucha fibra y la fibra tiene una relación en que nos ayuda a bajar los niveles de glucosa”.

Nueces

El consumo de nueces, frutos secos, semillas o aceites, se ha visto asociado con la disminución de enfermedades cardiovasculares, diabetes y Diabetes, dicen desde la Asociación Mexicana de Diabetes. Almendras, cacahuates, nueces, pistachos, contienen también contienen fibra, potasio, magnesio, cobre, vitamina E y arginina. “Estudios aleatorios han descrito a corto plazo, que con las dietas ricas en nueces y semillas, se ha presentado una reducción de la presión arterial, el colesterol, las lipoproteínas de baja densidad, la hemoglobina glicosilada y la glucosa”, explica la educadora en diabetes Karla Martín.

Leche y yogur descremados

“Este tipo de productos, al ser bajos en grasa, tipo colesterol, nos van a ayudar a prevenir el alza de las grasas malas en sangre. Se recomienda su consumo porque tienen mucho calcio, nos van a fortalecer los huesos, nos ayuda a fortificar nuestras piezas dentales. Además muchas ya están fortificadas con vitamina D”, dice Jocelyn Heredia.

Soya

Sus altos niveles de grasas poliinsaturadas, fibra, minerales, vitaminas y bajo contenido de grasa saturada hacen de la soya un buen elemento a incluir en las dietas. Además, su proteína y su fibra soluble ayudan a regular los niveles de glucosa y las filtraciones renales, lo que contribuye a controlar la diabetes y las enfermedades renales. En su presentación de leche de soya contiene una buena presencia de vitaminas A, B1, B2, B6, ácido fólico-B9 y vitamina E que es antioxidante y previene la aterosclerosis. Además de que puede ser consumida por personas intolerantes o alérgicas a la lactosa, un azúcar característico de las leches de origen animal y que no se encuentra en las leches vegetales. La única recomendación que da la nutrióloga Laura Romero de la clínica Nutrest es que “el consumo de soya en alguien que vive con diabetes tiene que ser calculado con la suma de los carbohidratos totales en su día”.

 

Fuente: EP

0
0
0
s2smodern

facebook   twitter   instagram    googleplus  

3397044
Hoy
Ayer
Esta Semana
Semana Pasada
Este Mes
Mes Pasado
Todos Los dias
5208
8529
13737
3330042
139402
201894
3397044

Tu IP 34.203.213.116
2019-01-21 17:46


facebook   twitter   instagram   googleplus  



© 2015 Copyright Universal Prensa. All Rights reserved.