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Trump aprueba los aranceles sobre China y amenaza con más gravámenes

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Donald Trump, a la derecha, junto a Xi Jinping el pasado noviembre en Pekín. En vídeo, China y el FMI critican el proteccionismo de EE UU. THOMAS PETER (AP)

La Administración publica una lista con 1.100 bienes afectados, con un gran peso de la tecnología, mientras Pekín prepara su represalia

AMANDA MARS

Washington/ La guerra comercial entre las dos mayores potencias económicas del mundo parece imparable. Tras semanas de negociaciones infructuosas, Donald Trump anunció este viernes la imposición de aranceles del 25% sobre productos chinos por importaciones valoradas en 50.000 millones de dólares y Pekín reaccionó de inmediato anunciando tasas a importaciones estadounidenses del mismo calibre que entrarán en vigor en días, lo que desata una escalada de efectos globales. Los gravámenes de Washington comenzarán a aplicarse en tres semanas.

EE UU había amenazado con estos aranceles el pasado marzo e incluso había elaborado ya una lista tentativa de 1.300 productos afectados, pero dejó la medida en el aire mientras abría negociaciones con el Gobierno de Xi Jinping, igual que hizo con la UE, Canadá y México en el caso de las tasas aduaneras para la importación de acero y aluminio. Y de igual modo que las conversaciones con los europeos y otros aliados no han evitado la aplicación final de dichos aranceles (decidido el 1 de junio), tampoco han servido para frenar los referentes a China.

“A la luz del robo de propiedad intelectual y tecnológica y otras prácticas comerciales injustas, EE UU implementará un arancel del 25% sobre 50.000 millones de dólares de productos de China que contienen tecnologías industrialmente significativas”, afirmó la Casa Blanca.

La Oficina del Representante de Comercio Internacional (USTR, en sus siglas en inglés) detalló poco después los bienes chinos que serán gravados en la frontera, un total de 1.102. Los divide en dos listas, una formada por 818 productos, a los que se le aplicará el arancel a partir del 6 de julio, y que suponen un valor estimado de importaciones de 34.000 millones anuales; y otra compuesta por 284 productos, cuyo volumen de importaciones ronda los 16.000 millones. Sobre estos últimos no hay fecha de entrada en vigor porque la Administración los someterá a consulta, ya que las empresas estadounidenses que reciben materiales y componentes de China serán las primeras perjudicadas por la medida.

El inventario de productos sujeto a aranceles incluye los pertenecientes a la industria aeroespacial, las tecnologías de la información y la comunicación, robótica, maquinaria, nuevos materiales y automoción. Finalmente, se excluyen artículos de consumo como dispositivos móviles o televisores.

Trump impulsa la batalla con China solo una semana después de una cumbre wagneriana con los aliados del G7 a cuenta de las tensiones comerciales, dentro de una amplia cruzada que ha emprendido contra el déficit comercial estadounidense, al que señala como origen de los males de la clase media. Trump dejó la reunión de los líderes en Canadá bramando contra los actuales aranceles y tachando al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, de “débil” y “deshonesto”. “Estados Unidos es la hucha de la que todo el mundo roba”, llegó a decir minutos antes de subirse al avión.

Las cifras reales no sostienen el alegato de Trump. El arancel medio de EE UU, del 1,6%, no difieren en exceso del que aplican la Unión Europea o Canadá, pero el republicano se ceba en ejemplos muy concretos en los que Estados Unidos sale muy desfavorecido (como por ejemplo parte de las importaciones del sector lácteo de Canadá, gravadas en un 270%) para defender su posición.

La fricción contra su vecino del norte y las durezas de sus palabras durante la cita del G7 también contrasta con la calidez que el republicano ha querido mostrar hacia Xi Jinping en el mismo comunicado en el que este viernes anunciaba la imposición de aranceles. “Mi gran amistad con el presidente Xi y la relación de nuestro país con China es muy importante para mí”, arranca la declaración del neoyorquino. Las conversaciones con Pekín han resultado clave en la cumbre con en la que, aunque forma vaga, Corea del Norte se ha comprometido a la desnuclearización.

“Acción defensiva”

El representante de Comercio Exterior, Robert Lighthizer, se encargó del tono duro este viernes y acusó a China de estar “trabajando duramente” para socavar a la industria tecnológica estadounidense, “robando nuestra propiedad intelectual y con ciberataques a nuestras redes”. En esta línea, recalcó que EE UU debe poner en marcha “una acción defensiva robusta” para proteger el liderazgo que tiene en tecnología e innovación frente a “las prácticas comerciales injustas” de China. La lista de productos, añade, está diseñada con ese propósito y contiene así tecnologías relacionadas con la política industrial “Made in China 2025”.

China representa la mayor parte del desequilibrio comercial estadounidense (375.000 millones de dólares sobre un total de 556.000 el año pasado) y Trump ha prometido a su electorado que lo reducirá. Se ha jactado de que, si hay una guerra comercial, EE UU la ganará.

A los primeros aranceles sobre acero y aluminio China respondió con la misma medida sobre vino y cerdo, entre otros. Si Pekín impulsa represalias, Trump ha advertido de que lanzará otra ronda de aranceles que, según dijo en su día, podría afectar a importaciones por hasta 100.000 millones de dólares. Aunque el efecto de la réplica china sería mínimo para la economía de EE UU, en Wall Street recibieron la escalada con una caída próxima al 1% por el lastre de multinacionales como Boeing, Caterpillar o General Electric.

LIMITACIONES DE PEKÍN PARA LOS EXTRANJEROS

El régimen chino mantiene importantes limitaciones en los sectores en los que los extranjeros pueden invertir y, además, exige la asociación con empresarios locales para poder operar en otro.

Además, Washington acusa a Pekín de forzar a las multinacionales estadounidenses a entregar tecnologías a los rivales locales a cambio de acceder a su extensísimo mercado. Las prácticas comerciales chinas no solo molestan en Estados Unidos, pero la Administración de Trump ha decidido dar esta batalla en solitario, sin buscar la complicidad de otras economías occidentales aliadas, y ha mostrado su desconfianza hacia la Organización Mundial del Comercio.

El jueves, en Washington, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, rechazó el giro proteccionista de ambas potencias y, en contra de las palabras del presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió de que “la guerra comercial no crea ganadores”.

 

Fuente: EP

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