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FARENHEIT 451: DE PEDRO VERGÉS A FRANCOIS TRUFFAUT

Verges y

Por Anadilia Peña

(Tomado de Ecos de Perth Amboy)

En 1966 se estrenó una película del director francés François Truffaut, Fahrenheit 451. Era una película de ciencia ficción basada en la novela homónima de Ray Bradbury. Su trama gira en torno a un bombero cuya función no es apagar fuegos, sino quemar libros por orden del Gobierno.

Ese bombero es un elemento metafórico de una sociedad que confunde los valores de sí misma y crea las condiciones para autodestruirse, y en su duda de lo que es lo bueno y lo que es lo malo arremete contra lo que representa la puerta más ancha de la civilización: el libro.

Con esa primera parte quiero hacer la relación con el fuego de Farenheit 451 y algo parecido al fuego por su capacidad destructiva, como fue el obcecado y torpe desempeño de la gestión del destituido ministro de Cultura Pedro Vergés.

Las acciones de Vergés en contra de la cultura se parecían a los terribles chorros de fuego que expelían las mangueras de los pseudobomberos de Truffaut. Las acciones insensatas del ministro corrían de boca en boca en Santo Domingo y en todas las dependencias de la institución, llegando hasta Estados Unidos volando como llama diabólica arrasándolo todo a su paso.

En Santo Domingo sufrieron los teatristas, los bailarines, los músicos, la escuela de Bellas Artes, los trabajadores de las dependencias del Ministerio, actores y actrices individuales que por su trayectoria se convirtieron en íconos de “las tablas”, como Carlota Carretero y Elvira Taveras, quienes fueron devoradas por el fuego de la ignominia del ministro y su clan.

No quedó dependencia del Ministerio que no fuera afectada por el fuego destructor de una política errática con cubierta de obra redentora, de una gestión cultural desfasada que demostró al sector cultural que los errores del ministro no eran adrede, era que estaban “inventando” porque no sabían lo que hacían, ni él ni su equipo.

Cuando ya no le quedaba casi nada que quemar en Santo Domingo, voltearon sus miradas para Nueva York, hacia el Comisionado Dominicano de Cultura.

Según cuentan las fuentes, ahí la política cultural del Ministerio fue de “tierra arrasada”. Eliminaron el programa Enlace Cultural Comunitario, y con este el Club de lectores formado por 150 personas, prohibieron el Primer Festival de Poesía de la Diáspora, eliminaron el Departamento de Redes Sociales, también como los bomberos de Farenheit 451, eliminaron el departamento de Biblioteca y Librería. Además de esto ordenaron eliminar el departamento Operativo, Seguridad y Planta Física y también el Departamento de Eventos, más el Programa Ediciones del Comisionado, que editaba gratuitamente obras de escritores de la diáspora, y cancelaron el Festival de Teatro Hispano del Comisionado, que con gran éxito se celebraba anualmente. Otro atropello fue el que, sin informar al director del Comisionado, se presentaron en la noche como los ladrones, a llevarse los discos duro de las computadoras del contador y la administradora, pese a que días antes el financiero del Ministerio había trabajado con el equipo contable y revisado su labor. Como la película de Francois Truffaut, provocaron el incendio total.

En ese hermoso film del director francés, ante el peligro de la extinción de la cultura y los conocimientos contentivos en los libros, los rebeldes deciden adoptar un libro y convertirse en él, aprendiéndoselo de memoria, y así preservar la civilización.

Así los rebeldes de la cultura, aún con todo el poder del fuego destructor del Ministerio de Cultura: teatristas, artistas visuales, bailarines, cantantes, músicos, directores de departamentos, orquesta sinfónica, etc. resistieron hasta el final, y como en la película, memorizaron todo lo que debían hacer cuando, algún día, el ministro saliera con su séquito incendiario.

Y el ministro salió. Fue destituido, pues lo que había provocado con su equivocada política, fue generar hostilidad del sector cultural hacia el Presidente de la República Danilo Medina, un Presidente que lo ha dado todo por el país y que no merece que un desaprensivo le genere problemas políticos con el sector cultural.

Esperando las acciones culturales del nuevo incumbente, la comunidad cultural está con los dedos cruzados, preparada para aplaudir después de tanto tiempo sin hacerlo, pero también con los puños preparados y las banderas enrolladas para salir a las calles en caso de que quieran quemarle el país cultural.

El anterior Ministro se fue, y que bueno que se fue, porque si se quedaba un minutos más, sólo cenizas hallaríamos.

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