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EE UU admite haber separado a más niños de sus padres en la frontera de México de los reconocidos

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La sombra del muro se proyecta sobre una familia de migrantes mientras entra en EE UU por Imperial Beach (California), el 9 de diciembre. R. BLACKWELL AP

Según un informe, la falta de datos precisos impide dar un número exacto, aunque considera que son más de 3.000 y se ignora si ha habido reunificación familiar posterior

YOLANDA MONGE

Washington /Las autoridades de Estados Unidos habrían separado en la frontera con México a “miles” de niños —más de los reconocidos oficialmente—, según un informe de la Oficina del inspector general del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, siglas en inglés), desconociéndose si ha habido reunificación familiar posterior. El documento, hecho público este jueves, asegura que la separación de menores de sus progenitores alcanzó su punto máximo en el verano de 2017, un año antes de la política de tolerancia cero dictada por Donald Trump por la que se detuvo a los padres que cruzaban la frontera de forma ilegal mientras se mantenía a sus hijos separados bajo la custodia de la HHS. La cifra de menores separados por la fuerza de sus familias alcanzó entonces unos 3.000 niños.

En la primavera de 2018, la Administración ordenó separar a las familias para que los adultos quedasen bajo arresto de las autoridades federales y los niños, entretanto, al cuidado de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR, por sus siglas en inglés). A raíz de una demanda colectiva, la Justicia ordenó en junio del año pasado paralizar esta controvertida política y reunir a las familias.

En diciembre pasado, el departamento a cargo de Salud y Servicios Humanos tenía identificados a más de 2.700 niños separados de sus padres a instancias de la estricta política del presidente, que debían ser devueltos sus familias según la citada orden judicial de junio.

Pero ninguna de las cifras anteriores representa la verdadera magnitud de las separaciones familiares. Miles de niños más podrían haber sufrido esa situación antes de que comenzara el conteo oficial pero el total sigue siendo desconocido, según el informe, en gran parte debido a la falta de coordinación entre las agencias del Gobierno involucradas en esta crisis.

A pesar de que en Administraciones anteriores se ha separado también a menores de adultos en la frontera —por temor a que hubieran sido secuestrados para fines ilícitos o a que los padres no estuvieran capacitados para su custodia—, este documento certifica un incremento considerable de las separaciones bajo el mandato de Trump.

Durante la Administración del presidente Barack Obama (2009-2017), la proporción de separaciones familiares entre todas las entradas de extranjeros al país fue del 0,3% a finales de 2016. En agosto de 2017, el porcentaje se había elevado hasta el 3,6 %.

La evaluación del Departamento de Salud y Servicios Humanos, que ha basado su informe tanto en documentos oficiales como en entrevistas con autoridades, ha instado a “mejorar la comunicación, la transparencia y la rendición de cuentas para la identificación, la atención y la ubicación de los niños separados”. Dicho departamento asegura que “no puede ofrecer información más específica sobre dónde se encuentran estos menores”, porque los sistemas de rastreo que se usaban entonces eran “informales” y diseñados para “fines operativos" en lugar de para realizar "seguimientos retrospectivos".

Trump quiere marcar su paso por la Casa Blanca con la impronta de acabar con el flujo de migrantes indocumentados que cruzan la frontera sur del país, lo que le ha llevado a declarar el que ya es el cierre parcial de Gobierno (shutdown) más largo de la historia del país al solicitar al Congreso, sin éxito, más de 5.000 millones de dólares para financiar el sueño de su muro fronterizo con México.

 

Fuente: EP

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La caravana de migrantes comienza a llegar a Ciudad de México

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Miembros de la caravana migrante en Sayula, Veracruz (México). ÁNGEL HERNÁNDEZ EFE

Se espera la llegada de 1.500 personas hasta el lunes y que otras 3.000 se sumen entre el martes y el miércoles

ELÍAS CAMHAJI

México /La caravana de migrantes ya está en Ciudad de México. Un grupo de 470 centroamericanos, principalmente hondureños, ha llegado este domingo y se han concentrado en un albergue al oriente de la capital mexicana, ha informado la Comisión local de Derechos Humanos (CDHCDMX). Está previsto el arribo de otro contingente de 1.000 personas para la mañana del lunes, ha agregado la CDHCDMX. Las autoridades esperan que otros 3.000 migrantes lleguen entre el martes y el miércoles, en medio de las elecciones legislativas en Estados Unidos del 6 de noviembre. "Es una ciudad inmensa, todo es diferente, no se parece en nada a Honduras", comenta asombrada Gabriela Regalado, de 20 años, que salió de Honduras con su esposo, dos hijos y tres hermanos.

Los integrantes de la llamada primera caravana, compuesta por unos 5.000 migrantes, han continuado hacia Ciudad de México, pese a los problemas que han enfrentado para conseguir autobuses que los transportaran de forma masiva desde el Estado de Veracruz, que bordea el golfo de México. Este grupo, el más adelantado en el camino hacia la frontera con Estados Unidos, está mucho más disperso y avanza en grupos pequeños, aunque se espera que puedan reagruparse en los próximos días. "De aquí para arriba el tirón será fuerte, vamos a esperar a que lleguen los demás para ver cuándo y a dónde seguimos", señala Noel Castañeda, de 25 años.

Poco menos de 1.200 migrantes están en albergues en Puebla, a unos 150 kilómetros de la capital, ha dicho este domingo el gobernador poblano Antonio Gali. El grueso de la caravana, más rezagado, se ha quedado en Córdoba (Veracruz), tras un extenuante viaje a pie y a dedo de 180 kilómetros desde la pequeña localidad de Isla (Veracruz).

Los migrantes recién llegados a la capital se arremolinan frente a coches que reparten productos de primera necesidad, mochilas, cobijas y ropa donada en las inmediaciones de la unidad deportiva de la Magdalena Mixhuca, donde se ha instalado el albergue. "Tenemos muchas necesidades porque el camino ha sido muy difícil, pero Dios sabe que si estuviéramos bien en Honduras, no nos hubiéramos ido", afirma Karla Martínez, de 30 años, arropada en una manta de la que solo asoma la cabeza. "Está helando, hace mucho frío", comenta Martínez. El tiempo ha cambiado de forma drástica. La caravana viene de aguantar temperaturas por encima de los 30 grados y ahora siente el otoño en la capital, donde los termómetros no rebasaron los 18 grados este domingo.

"¡Por favor, no nos dejen solos! ¡No dé un paso atrás!". Así respondió la caravana migrante a Miguel Ángel Yunes, gobernador de Veracruz, que había prometido este viernes al menos 150 autobuses para transportarlos a Ciudad de México. Los coordinadores ya organizaban el siguiente paso de un éxodo sin precedentes, en el cierre de una semana en la que las dudas y el desgaste desbordaban al grupo, que está al límite y aqueja los estragos de más de tres semanas de viaje.

Pero la promesa de Yunes, que aseguraba mantener "su buena voluntad", se desvaneció en el aire a las pocas horas. Les pedía esperar hasta el lunes o martes a que pasara el corte masivo de agua en el Valle de México y retroceder "a una ciudad más hacia el sur". La petición del gobernador era inconcebible en el inconsciente de una caravana que se asumía a la deriva, que aún sueña con el norte y que ha visto en la capital una parada crucial para tener interlocución con la clase política mexicana y, sobre todo, recibir atención médica urgente para decenas de niñas y niños enfermos, mujeres embarazadas y varios integrantes con enfermedades y heridas.

La decisión de desviarse a Ciudad de México se tomó el pasado 26 de octubre tras el anuncio del plan Estás en tu casa, que ofrecía trabajo y atención médica a los centroamericanos que regularizaran su situación migratoria. El presidente, Enrique Peña Nieto, ofreció el programa para atender a los inmigrantes y, de paso, desactivar un problema que crece en el ocaso de su sexenio, tras las exigencias de Donald Trump de frenar a la caravana. Poco más de 1.550 personas han aceptado la propuesta, 927 han pedido regresar a sus países y 3.230 tramitan una solicitud de refugio en Chiapas, de acuerdo con el último corte de las autoridades mexicanas. La mayoría rechaza el plan y avanza por territorio mexicano, pese a las amenazas de Trump, que busca convertir el discurso del miedo y la xenofobia en votos en los comicios de este martes.

Ese ha sido el patrón de las últimas semanas. El Gobierno mexicano condiciona las ayudas, la protección y el apoyo a los que tienen papeles. Trump capitaliza la idea de una crisis migratoria que dista de estar contenida. La organización de la caravana desafía a ambos. El "elefante en la sala" son 5.000 refugiados del grupo más avanzado, en el terreno no reconocidos como tales, que resisten las difíciles condiciones climáticas, duermen a la intemperie y que han dependido casi exclusivamente de la generosidad de pueblos azotados por los terremotos de septiembre del año pasado como Santiago Niltepec (Oaxaca) con 5.000 habitantes y ciudades pequeñas como Sayula de Alemán (Veracruz) con 45.000 pobladores. Ciudad de México es para muchos migrantes la primera parada en la que se quedan en un albergue, bajo techo. El Gobierno local ha dispuesto un comedor, unidades móviles de atención médica y colchonetas.

Lo que ha cambiado es el tono de las acciones y de las palabras. El Gobierno mexicano ha repatriado a 621 centroamericanos en Oaxaca, según datos oficiales. Trump ya desplegó este viernes a 1.000 soldados en la frontera con Texas y amenazó con responder con balas cualquier supuesta agresión de los migrantes. Y los coordinadores se dijeron orillados a tomar "la ruta de la muerte" por Veracruz, la vía más corta y peligrosa a Ciudad de México, a la que llaman "la fosa más grande de México".

Fronteras fuertes, soberanía nacional y procesos burocráticos para frenar el éxodo centroamericano y para seleccionar quién se queda o quién se va, defiende el Gobierno. Atención médica, tránsito seguro, trato humanitario y diálogo con Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, que llega al poder el 1 de diciembre, exigen los organizadores. El transporte, los más de 150 autobuses que habían sido prometidos, parecía una concesión admisible para velar por la integridad de los más vulnerables, para negociar una salida a la crisis migratoria y para que el grupo se mantuviera junto, sin estar sujeto al crimen organizado y a las deportaciones exprés. Estaba previsto que llegaran a la capital el pasado 2 de noviembre, pero los problemas de logística retrasaron su llegada a la capital.

Todo esto, mientras otro grupo de entre 1.000 y 2.000 migrantes avanza por Chiapas. Una caravana de salvadoreños que se cuenta por cientos hasta los 1.500 integrantes, según la prensa local, cruzó esta semana sin papeles el río Suchiate, la frontera natural con Guatemala, desafiando los remolinos de agua bajo las aspas de los helicópteros de la Policía mexicana. Otros 1.650 centroamericanos están en el albergue de la Feria de Tapachula (Chiapas). Se calcula que unas 10.000 personas están en tránsito por México, pero las cifras y la forma de dar cuenta de las oleadas varían. Un hondureño murió el pasado domingo tras un enfrentamiento con las fuerzas mexicanas, otro centroamericano estuvo a punto de ahogarse el martes y un salvadoreño falleció el viernes por complicaciones de salud en Guatemala.

Todo esto, a poco más de un mes de que se adopte oficialmente en Marrakech el primer acuerdo "para aprovechar los beneficios de la migración y para proteger a los migrantes indocumentados". Es un pacto no vinculante impulsado por la diplomacia mexicana y al que se han sumado todos los Gobiernos del mundo, salvo Estados Unidos.

En la caravana reinaban "la frustración, el enojo, el hartazgo, el cansancio y la desconfianza", admitían esta semana los organizadores del éxodo. La presencia de los medios y de las organizaciones civiles había disminuido en los últimos días. Había menos control del contingente. Pero la llegada a Ciudad de México de los primeros grupos, prácticamente contra todo pronóstico, les ha devuelto la esperanza.

Atrás ha quedado un periplo de ocho días y 420 kilómetros por tres Estados del sur de México, aunque siguen a más de 3.000 kilómetros de Tijuana, el punto por el que se había dicho que iban a entrar a Estados Unidos. "Estamos alegres, lo logramos y de aquí seguimos pa' arriba", dice emocionado Lester Martínez, de 19 años, después de leer un periódico que lleva las amenazas de Trump, el último recuento del Gobierno mexicano y una foto destacada de la caravana en la primera página. "No tenemos miedo, seguimos pa' lante".

 

Fuente: EP

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Trump desata la tormenta perfecta en el campo de California

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Trabajadores recogiendo melones en Huron, condado de Fresno, California. MARCIO JOSE SANCHEZ AP

La constante agresión del presidente a los inmigrantes es una bomba política en zonas republicanas rurales de Estados Unidos que dependen del trabajo de los indocumentados

PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL

Fresno (California) La resistencia del Oeste contra Donald Trump es para aquellos que se la pueden permitir. Para otros, como Maura Fabián, la supervivencia es suficiente. Fabián nació en Oaxaca y ha pasado 20 años indocumentada recogiendo fruta en los campos alrededor de Fresno, la capital agrícola de California. No es que antes fuera fácil, pero desde hace año y medio, la incertidumbre se ha apoderado de su vida. “Tenemos miedo porque no sabemos en qué momento puede cambiar todo”.

El valle central de California es la primera potencia agrícola de Estados Unidos. Genera 46.000 millones de dólares al año. Produce un tercio de todas las verduras que consume el país y dos tercios de las frutas y frutos secos. La agricultura de California se sostiene sobre una mano de obra inmigrante y pobre que un estudio reciente de la Universidad de California calculaba en más de 800.000 personas en todo el estado, de las que la mitad podrían estar en el Valle de San Joaquín. Las encuestas oficiales dicen que el 60% está indocumentado. Los sindicatos elevan la cifra al 90%.

Una tormenta perfecta provocada por Donald Trump ha descendido sobre el valle central de California. Especialmente, sobre el distrito 22 de la Cámara de Representantes, un feudo republicano indiscutible, hasta que Trump lo puso en el mapa. Aquí es donde la economía sufre directamente las consecuencias de hacer la vida imposible a los sin papeles.

“Hay redadas en los lugares de trabajo”, explica Fabián. Cosas que han ocurrido siempre se han intensificado con Trump, y han provocado un nivel de incertidumbre que algunos relacionan directamente con la escasez de trabajadores. “No hay personal para trabajar. Las empresas buscan gente desesperadamente”.

La secuencia es la siguiente. La policía de inmigración (ICE) envía una carta a la empresa pidiendo los papeles de todos sus empleados. Después, comprueba los nombres, direcciones y números de la Seguridad Social con las bases de datos oficiales para buscar falsificaciones. Si encuentra trabajadores con papeles falsos (lo más normal en el campo), envía a la empresa la lista de las personas que debe despedir.

Mientras, la empresa está obligada a comunicar a los trabajadores que va a proporcionar esa información al Gobierno. “Tiene un efecto destructivo”, dice Manuel Cunha, presidente del Nisei Farmers League, un importante sindicato agrícola de Fresno. No es solo que la gente no se presente a trabajar por miedo. Como le han dado su dirección al Gobierno, “si su esposa trabaja en un restaurante, por ejemplo, tampoco va a trabajar”. Esa familia se muda. La empresa “digamos que de pronto pasa de 80 trabajadores a 24”, explica Cunha. “Sus clientes empiezan a no recibir los pedidos a tiempo” y el efecto es como metralla en la economía. Así, cada vez que ICE envía una de esas cartas. Ha pasado siempre. Pero la agresividad y la retórica de Trump están multiplicando su efecto.

El pasado febrero, eso es lo que ocurrió en la enorme planta de cítricos de Bee Sweet en Fowler, a las afueras de Fresno. Nada más recibir el aviso de ICE y comunicarlo a sus empleados, 40 de sus 500 trabajadores no aparecieron al día siguiente. El presidente de la empresa, Jim Marderosian, contó al Fresno Bee: “Una mujer que había trabajado para mí 20 años vino, me dio un abrazo, y dijo que se tenía que ir porque no se podía arriesgar. Esto es muy duro para las familias”.

“ICE está provocando una gran destrucción”, dice Manuel Cunha. “Son personas que llevan aquí décadas, pagan impuestos, son parte de nuestros colegios, nuestros deportes, nuestra comunidades”. Cuando se ven en esta situación, se mudan de casa para desaparecer del radar de las autoridades y además se quedan sin ingresos. “Ahí entra en juego el tráfico de personas”. Las mafias saben cuando ha habido una inspección y están listas para ofrecer trabajo alternativo en el tráfico de drogas a los que se quedan en la calle, asegura Cunha. Todo, con gran riesgo para la economía. “Si inspeccionan a todo el mundo mañana, el país cierra”.

Las políticas de Trump no solo atacan a los trabajadores del campo por indocumentados, también por pobres. Fabián trabaja estos días en la uva. Llena 40 cajas en una jornada, a 2,20 dólares la caja. Al mes, puede ganar entre 1.200 y 1.700 dólares. En una de las zonas más pobres de California, el alquiler le cuesta 750 dólares. Es madre soltera de tres hijos de 9, 16 y 19 años. Necesita ayudas públicas para vivir. Está aterrorizada con la última propuesta del Gobierno de Trump: a los inmigrantes que hayan recibido ayudas como cupones de comida, que Fabián necesita para sobrevivir, se les cerrará cualquier vía de regularización. Después de dos décadas como indocumentada, Fabián regularizó su situación porque sufría malos tratos y le dieron un visado humanitario. Ahora no sabe en qué situación quedaría si quiere pedir la residencia permanente.

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Trabajadores del campo en Huron, California, en septiembre. MARCIO JOSE SANCHEZ AP

Ryan Jacobsen, director ejecutivo del Fresno Farm Bureau, la patronal local, reconoce que siempre ha habido problemas de falta de trabajadores. Él calcula en un millón los indocumentados que trabajan en California. Asegura que “las cosas se han calmado” y están mejor que hacer un año, cuando la retórica de Trump disparó el miedo entre los inmigrantes. Ya no cree que la falta de trabajadores, crónica desde hace años, se haya agudizado por la situación política.

Al los granjeros de Jacobsen no les preocupa tanto ese asunto. Pero ellos, como sus trabajadores, también tienen con Trump un problema que antes no tenían, un problema creado de la nada por el presidente: la guerra comercial con China. California exporta productos agrícolas a China por valor de 2.000 millones de dólares al año. La demanda de almendra, en concreto, ha creado multimillonarios. “Hemos entrado en una era de incertidumbre”, dice Jacobsen. “Todavía no sabemos las consecuencias que va a tener. La expectativa es que en algún momento lo vamos a sufrir”. En el campo californiano, cada uno se ocupa de sus propios problemas. Pero Trump ha conseguido poner nerviosos a todos.

Hasta la trama rusa está teniendo un efecto en un lugar olvidado. El escaño del distrito 22 de California, que comprende los alrededores de Fresno está ocupado desde 2003 por el republicano Devin Nunes. No hace ni dos años que nadie se imaginaba que Nunes podría estar en peligro. Pero Trump lo ha cambiado todo. Nunes se situó a sí mismo en el centro de la trama rusa. Como líder del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, él hundió la investigación parlamentaria de la trama. Eso le ha hecho famoso y ha traído una atención sobre el distrito y sus problemas desconocida. Nunes ha dejado de hablar con su periódico local, el Fresno Bee, al que acusa de estar vendido a los demócratas después de que le hayan apoyado siempre, menos este año. Huye de sus votantes y no hace eventos públicos. “La forma en la que está haciendo campaña hace pensar que no tiene tanta confianza” en la victoria, opina Joe Kieta, director del Bee. “Nunca pensé que Nunes haría una campaña así y nos convertiría en su oponente”.

Kieta observa que “hay mucha gente inquieta” a la que no le gusta la actitud de Nunes, pero cree que sería difícil que llegara a perder, porque tiene muy bien cimentado el apoyo en las zonas menos pobladas, donde solo votan los dueños de las producciones agrícolas. El ataque a la inmigración y la amenaza de la guerra comercial con China aún no han hecho mella suficiente y clara en la economía como para pensar que se esfume ese apoyo, a pesar de que la figura de Nunes sea cada vez más incómoda.

Este noviembre tiene un oponente demócrata, Andrew Janz, por primera vez con posibilidades de ponerle nervioso. Janz había recaudado 4,3 millones de dólares para su campaña a principios de octubre, una cifra inaudita para un demócrata en el campo de California. Las encuestas dan una ventaja a Nunes de unos 8 puntos. Janz habla de ampliar la cobertura sanitaria, una prioridad en el mundo rural y de proteger a los inmigrantes. Asegura a EL PAÍS que su campaña ha “convencido a muchos” entre los productores para votar demócrata después de décadas y que detecta “preocupación por lo que está pasando”. Si la California rural vota demócrata, será por Trump.

 

Fuente: EP

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“No tenemos otra opción; hay que seguir adelante”

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Los hermanos Arriaga caminan sobre la carretera de Ciudad de Guatemala. HECTOR GUERRERO

Miles de hondureños que huyen de la violencia y el hambre alcanzan Guatemala y desbordan la red de albergues locales

ELÍAS CAMHAJI (ENVIADO ESPECIAL)

Guatemala /Kaidy Arriaga ha caminado durante casi cinco horas. Lleva en brazos a su hija Yazmin, de dos meses. Unos pasos más adelante, su hermano Wilmer Arriaga empuja un carrito con las maletas y Loreli, su otra hija, de cuatro años. La familia ha cubierto una distancia de casi 500 kilómetros en los últimos cinco días, desde el departamento de Colón, en el Caribe hondureño, hasta Ciudad de Guatemala. El objetivo final es Florida y el de hoy, alcanzar a uno de los contingentes de la caravana que busca abrirse camino hacia Estados Unidos. “Decidimos irnos el pasado domingo, las niñas son chiquitas, pero la crisis era insoportable”, explica Arriaga, de 24 años, antes de dibujar una sonrisa agotada.

La familia Arriaga avanza al pie de la carretera del Pacífico, la más concurrida de Guatemala y en la que cada 10 kilómetros se divisan las señales de tránsito rumbo a la frontera con México. “Le traigo agua y estas bolsas, Dios los bendiga”, les dice una mujer que se detiene en uno de los arcenes. “No es mucho, pero espero que les sirva”, les dice un hombre antes de extenderles un billete de 10 quetzales (poco más de un dólar).

La red de acogida está a su máxima capacidad. “Mi hija y mi esposa alcanzaron a quedarse todavía en el albergue, pero a mí me tocó dormir afuera, está abarrotado”, comenta Yosif Lazo, de San Pedro Sula, recostado sobre una banqueta. Entre los ríos de gente, muchos fuman, ríen, cocinan y recuperan fuerzas antes de seguir el camino, con ganas de recobrar una sensación de cotidianidad en medio de circunstancias extraordinarias.

La tensión se acumula en los puentes migratorios. Al sur, por las miles de personas que aún buscan salir del país que gobierna Juan Orlando Hernández. Al norte, por los grupos de avanzada que se agolpan a las puertas de México y que amenazan con colapsar ese cruce en los próximos días. Los migrantes que han puesto contra las cuerdas a los Gobiernos de la región son en su mayoría niños, adolescentes, mujeres que viajan solas y personas mayores.

Grupos pequeños

No se ha informado aún de una cifra oficial de personas en tránsito, pero el martes se sabía que al menos 2.000 hondureños están en territorio guatemalteco. Tres días más tarde se calcula que ya son 5.000 inmigrantes, de acuerdo con el padre Mauro Verzeletti, el director de la red de albergues.

La caravana avanza a distintas velocidades y empieza a dispersarse organizada en varios grupos pequeños, sin líderes visibles. Se espera que miles más lleguen en los próximos días, pese a las advertencias de los Gobiernos de la región de cerrarles el paso, según las autoridades locales y los encargados de la red de acogida.

Cientos ya están en la frontera con México y muchos más ya alcanzaron Ciudad de Guatemala, aunque la prensa local da cuenta de que el grupo más grande todavía no ha llegado. El flujo parece inagotable y dibuja los matices de una de las crisis migratorias más dramáticas de los últimos años en Centroamérica, entre madres que han perdido la pista de sus hijos, el ansia por seguir adelante, el riesgo de derrubios por las intensas lluvias y decenas de familias divididas: por los que se fueron y los que se quedaron. “Dejé tres hijos en Honduras, si decidí volver a empezar a los 43 años fue para darles una vida mejor”, comenta Lazo.

La violencia que azota el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) sigue siendo una de las principales causas, pero no es la única. La marginación, el desempleo y la falta de oportunidades se han consolidado entre los principales factores y potencia una comunidad de migrantes que se asume acostumbrada a las adversidades. “No hemos tenido problemas, gracias a Dios”, dice Arriaga sin ningún atisbo de preocupación y con su bebé guarecida de las inclemencias del tiempo solo con una pequeña toalla de manos.

Los ojos están puestos en lo que sucederá en territorio mexicano este fin de semana, la próxima gran prueba para los migrantes y para las autoridades de los países involucrados. Algunos barajan otras posibilidades ante las amenazas del presidente Donald Trump, como quedarse en México o, incluso, buscar una oportunidad en Guatemala. “No tenemos miedo, nosotros no somos beneficiarios de las ayudas de Estados Unidos, nosotros somos los que nos comemos la crisis, la violencia, la inseguridad”, afirma Orbelina Orellana, de 26 años, “y esta es nuestra huelga de hambre”. “No tenemos otra opción, hay que seguir adelante”, dice Wilmer Arriaga, antes de empujar a su sobrina por un camino cuesta arriba a más de 2.000 kilómetros de la tierra prometida.

 

Fuente: EP

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Trump amenaza con enviar tropas y cerrar la frontera con México si no detienen la caravana de migrantes

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La caravana de migrantes hondureños sigue su paso desde la ciudad de Chiquimula rumbo al departamento de Zacapa (Guatemala) EPV ESTEBAN BIBA EFE

El presidente estadounidense aseguró que el “asalto” que se está viviendo en el sur de su país es “mucho más importante” que los tratados comerciales

ANTONIA LABORDE

Washington /A medida que avanza una caravana de migrantes hondureños hacia Estados Unidos, también se eleva el tono de las amenazas de Donald Trump. El presidente estadounidense recurrió este jueves su artillería más pesada y amenazó a México con enviar a las tropas militares a la frontera y cerrarla. Además, lanzó una granada. El republicano sostuvo que la situación en el sur del país, “incluidos los elementos criminales y las drogas”, le importan “mucho más” que el USMCA, el nuevo acuerdo comercial pactado entre EE UU, México y Canadá, que aún debe ser firmado por los tres países para entrar en vigor.

Los cerca de 3.000 migrantes, en su mayoría hondureños, iniciaron el pasado sábado una ruta hacia EE UU para solicitar asilo alegando razones de seguridad. Desde el primer momento, el secretario de Estado Mike Pompeo advirtió de que no se los recibiría. El martes la máxima potencia mundial subió el tono. Trump informó a través de Twitter que si el gobierno de Honduras no detenía a su gente iba a cortar las ayudas económicas “con efecto inmediato”. Más tarde, la amenaza ya corría para Guatemala y El Salvador. El posible castigo es sorprendente dado que el objetivo de esas ayudas es precisamente mejorar las condiciones laborales y de seguridad para que los ciudadanos no decidan emigrar.

Los cancilleres y vicecancilleres de los tres países se reunieron este miércoles en Tegucigalpa para analizar la crisis migratoria, con la participación de un enviado especial del presidente mexicano, Manuel López Obrador. México, en un intento por controlar la crisis, ha movilizado a decenas de policías a lo largo del río Suchiate, la frontera natural entre ambos países para deportar a los inmigrantes irregulares. Pero eso no es suficiente para Trump, que este jueves le arrojó a su vecino el golpe más fuerte: "Además de detener todos los pagos a estos países, que parecen no tener casi ningún control sobre su población, debo pedir a México que detenga este avance, y si no lo logra, llamaré a los militares ¡y CERRARÉ NUESTRA FRONTERA SUR!". Enseguida amenazó con anular el tratado comercial que tardaron tres meses en alcanzar para reemplazar al TLC.

La nueva crisis migratoria ocurre en la víspera de la visita Pompeo a México, prevista para este viernes. El encuentro estará marcado por la situación en la frontera entre ambos países. Trump quiere evitar que se repitan las escenas de marzo, cuando otra caravana con cientos de familias salió de Chiapas y fue disuelta a su llegada a Ciudad de México por una amenaza del republicano. El responsable de Exteriores de Washington se reunirá con el presidente Enrique Peña Nieto, el canciller Luis Videgaray y el secretario de Relaciones Exteriores del próximo Gobierno, Marcelo Ebrard, anunció el Departamento de Estado.

Las autoridades guatemaltecas no tienen un registro sobre los hondureños que han pasado por la frontera en la caravana, pero cerca de 3.000 migrantes habían sido atendidos en el refugio dirigido por la Pastoral de Movilidad Humana de la Iglesia Católica.

La caravana y las amenazas llegan a menos de tres semanas de las elecciones legislativas del 6 de noviembre, donde los republicanos se juegan mantener la mayoría en el Congreso. Trump ha instado a sus compañeros de partido a que hagan de la inmigración un tema central en las últimas semanas de campaña y a que culpen a los demócratas por no haber aprobado una ley de inmigración más estricta. Una ley, aprobada en los últimos días del Gobierno del republicano George W. Bush, impide la deportación inmediata de menores indocumentados que no sean de Canadá o México.

 

Fuente: EP

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