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“El niño que llora”… ¿maldición o protección?

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Por Diana Montanari (DiariodeCultura.com.ar)

Cuando era pequeña e iba de la mano de mi madre a hacer compras, siempre pasábamos por un bazar que en su vidriera, tenía un cuadro de un niño llorando.

Atraída por esa pintura, le pedía a mamá que nos detuviéramos allí. Me quedaba atónita mirando esa obra de arte, que me conmovía de manera especial. A mis siete años, no lograba poner en palabras lo que me producía. Mi madre me decía que era un cuadro triste. Pero el rostro de ese niño llorando, hacía que mi mirada no se despegara ni un instante de él.

Con el paso de los años, desde los once hasta los diecisiete, estudiaba dibujo y pintura, y me puse a investigar sobre la vida del autor de este cuadro, que resultó llamarse Bruno Amadio.

Bruno Amadio (Venecia, Italia, 15 de enero de 1911 – Padua, Italia, 22 de septiembre de 1981), más conocido como Angelo (Giovanni) Bragolin, o el Pintor Maldito.

A él se le atribuyen una serie de 27 retratos conocidos como los Niños Llorones

Al parecer, Bruno Amadio fue movilizado como soldado en el Ejército italiano durante la Segunda Guerra Mundial. Fue durante esta experiencia, cuando vio el sufrimiento de los niños de diversas aldeas y ciudades a causa del conflicto. Esta angustiosa imagen, tocaría la sensibilidad del artista y marcaría posteriormente de forma significativa, su obra.

Terminada la guerra, se marchó a España y se instaló en la ciudad de Sevilla. Posteriormente, al parecer, residió en Madrid. Allí es donde comenzaría a utilizar el seudónimo “Giovanni Bragolin” para firmar sus cuadros, los conocidos retratos de Los Niños Llorones, que muestran imágenes de niños y niñas en primer plano en cara y busto, los cuales muestran un gesto triste, con grandes y visibles lágrimas escurriéndoles por la cara. Estos cuadros fueron posteriormente reproducidos en láminas de papel y tablé y lograron una amplia comercialización en numerosos países del mundo, sobre todo, durante las décadas de 1970 y 1980.

La leyenda

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Se dice que frustrado por su nula fama como artista, Amadio hizo un pacto con el Diablo para que sus pinturas tuvieran éxito en la sociedad. A partir de entonces, realizó la mencionada serie de 27 pinturas, en las que aparecen niños llorando. Uno de esos cuadros fue realizado a un niño que vivía en un orfanato que posteriormente se incendió con el niño adentro, y desde entonces se cree que su alma habita en ese retrato.

La supuesta maldición

El 4 de septiembre de 1985, el diario sensacionalista británico The Sun informaba que un bombero de Yorkshire afirmaba que copias intactas del cuadro eran frecuentemente halladas entre las ruinas de casas incendiadas. Él afirmó que ningún bombero permitiría tener una copia del cuadro en su casa. Durante los meses siguientes, The Sun y otros diarios sensacionalistas publicaron varios artículos sobre incendios de casas cuyos propietarios habían tenido el cuadro.

Hacia finales de noviembre, la creencia en la maldición de la pintura estaba tan extendida, que The Sun organizó quemas masivas de los cuadros, enviados por sus lectores.

Para quitar la maldición, se dice que uno debe regalar el cuadro a otra persona o reunir el cuadro del niño y el de la niña, para colgarlos juntos.

Karl Pilkington hizo referencia a estos hechos en The Ricky Gervais Show. Ricky Gervais consideró a la maldición como “absurda”.

Steve Punt, un escritor y cómico británico, investigó la maldición de “El niño que llora” en una producción de la BBC Radio 4 llamada Punt PI. Aunque el programa es de comedia, Punt investigó la historia del cuadro. La conclusión a la que llegó el programa, tras llevar a cabo pruebas en el Building Research Establishment, es que las reproducciones fueron tratadas con un barniz ignífugo, por lo que la cuerda que colgaba el cuadro de la pared sería la primera en quemarse, haciendo que el cuadro caiga al suelo y quede protegido del fuego. Además se hizo mención a esta pintura en un episodio sobre maldiciones de la serie televisiva Weird or What? en 2012.

Al igual que otros cuadros, como El Grito de Edvard Munch, las obras de este pintor han transcendido el posible hecho pictórico. La gran expresividad y el simbolismo que reflejan, emanada de la sensibilidad del autor influida por los acontecimientos sociales del momento, han llevado a la creación de fábulas que nunca han sido corroboradas. También se llegó a afirmar que Bruno Amadio era un pederasta que violaba a los niños y después los pintaba llorando.

En fin, al final de los años setenta la leyenda se extendió como la pólvora y los testimonios sobre la mala suerte de todos aquellos que poseían uno de los cuadros de la colección se multiplicaron. Nadie quería tener una de estas pinturas en su casa y las copias dejaron de realizarse por falta de pedidos, “por si acaso”. Todos fueron descolgando sus cuadros y arrinconándolos en los desvanes, si no deshaciéndose de ellos, lo más rápido posible.

Cuentan, que en determinadas fechas, si uno se ponía delante del niño llorón, podía pactar con el diablo, y éste podía mirarte directamente a los ojos a través de su enrojecida y llorosa mirada. Hoy en día, aún quedan estos cuadros en circulación, y todavía son muchos los que aseguran que en sus hogares suceden hechos extraños.

Este quizá sea uno de los más famosos, («El niño que llora») pues se dice que al girarlo, se ve a un pez devorando al niño. Y es justamente la pintura que a mi tanto me atraía, cuando en mi infancia, pasaba por el antiguo bazar, cercano a mi barrio.

Ha sido el cuadro de mayor difusión de este artista, siendo muy solicitadas sus reproducciones en países como España y Reino Unido, ya que algunos creen que protegen a los niños pequeños.

Como pasa con muchas pinturas llamadas “malditas” tan sólo es un simple rumor que se extendió y se ha logrado desprestigiar al artista detrás de ellos. Pero, a decir verdad… ¿quién se animaría a arriesgar que un cuadro traiga la desgracia a su hogar?

Yo prefiero quedarme con la versión que dice proteger a los niños…Y hoy decidí homenajear a Bruno Amadio, en un nuevo aniversario de su nacimiento, porque a los cincuenta y un años, me conmueve como cuando tenía siete. “El Niño que llora”, habita el living de mi casa y no le tengo miedo, no soy supersticiosa… cada día contemplo su imagen y siento la misma magia que tenía esa niña de los años setenta.

Diana Montanari.

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