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Cannes cumple sus primeros 70 años

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Una patrulla policial vigila delante de la puerta lateral del Palacio de Festivales de Cannes este martes por la mañana. ALBERTO PIZZOLI AFP

El certamen más famoso de cine arranca con polémicas, repleto de fuerzas de seguridad y con Almodóvar presidiendo su jurado

GREGORIO BELINCHÓN

Cannes/ Si este es un mundo difícil, el festival de Cannes se vale por sí solo para complicarse aún más la vida. En la que será su 70ª edición, que arranca mañana con Les fantômes d’Ismaël, de Arnaud Desplechin, el certamen se ha visto involucrado, primero de forma tangencial y desde hace una semana de forma directa, en una estéril polémica. Una vez seleccionadas a concurso dos películas producidas por Netflix –o lo que es lo mismo, no se verán en cines en el resto del mundo tras su estreno en el Palacio de Festivales-, la organización de Cannes tuvo que sacar un comunicado (tras las presiones de los exhibidores franceses) anunciando que desde el año que viene filme que no tenga cerrada distribución en salas galas, filme que no podrá entrar en la competición (nada dicen de sesiones especiales, fuera de competición o de la sección Una cierta mirada). Lo cual pone en un compromiso a Pedro Almodóvar, presidente del jurado, y a sus compañeros a la hora de dictar sentencia. ¿Qué ocurre si después de ver las 19 propuestas a concurso la mejor es Okja, del coreano Bong Joon-ho -que bien pudiera ser- o The Meyerowitz Stories (New and Selected), de Noah Baumbach –no lo parece-? ¿No sería pegarse un tiro en el pie para el propio festival una Palma de Oro para Netflix tras llenarse el año pasado la boca con palabras laudatorias para otra plataforma como Amazon, que sí permite el estreno previo en salas de sus producciones?

Otro patinazo. Ver en pantalla grande los dos primeros episodios de la vuelta de David Lynch a Twin Peaks tiene su punto. Que sea cinco días después de su estreno mundial chirría. Si era un evento por el 70 aniversario, claramente está mal agendado. Otra serie que llegará a Cannes es Top of the Lake: China Girl. Nadie sabe por qué, más allá de que la codirija Jane Campion.

Claro que en decir una cosa y hacer otra, en Cannes hay maestros. Habitualmente Thierry Frémaux habla maravillas del cine latinoamericano. Del español mejor ni detenerse. Hay que sacar la lupa para encontrar la presencia española: Emma Suárez aparece en Las hijas de Abril, del mexicano Michel Franco, en la sección Una cierta mirada; lo mismo ocurre con Elena Anaya, en La cordillera, del argentino Santiago Mitre, que además cuenta con coproducción española… En la Semana de la Crítica compite el corto Los desheredados, de Laura Ferrés, y se acabó. Hay más migajas, pero… En realidad, tampoco le ha ido mejor al cine latinoamericano. Además de los mencionados, en la parte oficial del certamen solo estará La novia del desierto, de las argentinas Cecilia Atán y Valeria Pivato.

Así que todo queda en manos de Pedro Almodóvar. En Cannes el presidente del jurado importa. Y mucho. A su lado, actores como Jessica Chastain, Fan Bingbing y Will Smith, directores como Paolo Sorrentino, Maren Ade y Park Chan-wook, un compositor como Gabriel Yared y una todoterreno como Agnès Jaoui. Y sin ver las 19 películas, hay algunos directores que parecen llamar claramente a las puertas de la Palma de Oro. Todd Haynes hace cine sobre cine en Wonderstruck, y aquí aún se recuerda el ninguneo que los hermanos Coen le hicieron con Carol. El ruso Andréi Zvyagintsev lleva años entregando grandes películas y habrá que asomarse a su disección de un divorcio en Nelyubov. Puede ser que por fin una segunda directora gane la Palma de Oro –solo lo hizo Jane Campion con El piano- y ahí están Naomi Kawase (Hikari), Sofia Coppola (La seducción, versión de la novela de Thomas Cullinan que ya adaptó en 1971 Don Siegel) y Lynne Ramsay (You Were Never Really Here). Hay más: clásicos como Fatih Akin, Giorgos Lanthimos, François Ozon y Sergei Loznitsa, cineastas que escalan posiciones como Ruben Ostlünd… Hazanavicius se ha atrevido con Le redoutable a contar las andanzas de Jean-Luc Godard en Mayo del 68. Y finalmente queda una duda: ¿ganará Michael Haneke con Happy End su tercera Palma de Oro, y encima de forma consecutiva, tras La cinta blanca y Amor?

En Cannes hay mucho más cine: las nuevas películas de Roman Polanski, Laurent Cantet, Agnès Varda, Takashi Miike, John Cameron Mitchell y Mathieu Amalric. La vuelta de dos veteranísimos como Barbet Schroeder y Claude Lanzmann (que ahora va a Corea del Norte). Un exvicepresidente de EE UU como Al Gore retornando con otro documental incómodo: An Inconvenient Sequel: Truth to Power. Un hueco para la realidad virtual con Carne y arena, de Alejandro González Iñarritu. Una película sobre fotografías, 24 Frames, de un director ya fallecido: Abbas Kiarostami. Dos películas de Hong Sang-soo (una de ellas rodada en las mismísimas calles de Cannes durante la pasada edición). Una clase magistral de Clint Eastwood y otra de Alfonso Cuarón. Y mucho Nicole Kidman: aparece en la serie Top of the Lake: China Girl, y en tres filmes: los de Giorgos Lanthimos, Sofia Coppola y John Cameron Mitchell.

Todo a punto en Cannes con una Claudia Cardinale bailando con frenesí vital en el póster del festival, mientras los militares recorren La Croisette con el dedo en el gatillo y la policía municipal patrulla por primera vez con revólveres. Con miles de compradores y vendedores de cine en el mercado cinematográfico más grande del mundo. Y con una triste noticia para los cinéfilos gastrónomos pudientes: ha cerrado Le Mere Besson, restaurante de cocina provenzal epicentro de muchos encuentros y negocios del showbusiness.

 

Fuente: El País

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